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Pam no me llamó

Milton

Sábado, 27 de Mayo de 2017

Supongo que ya lo saben todos: Pamela Anderson ha venido a Marbella a participar en la inauguración de un chiringuito.

Pero lo que no saben es que no me ha llamado. Y les advierto que me lo esperaba, aunque también admito que, en el fondo de mi corazón, me habría gustado que hubiera salido en mi busca, como cuando lo nuestro era una realidad que, aunque breve, fue intensa.

La verdad es que fantaseaba con que, tras lo del chiringuito, saliera corriendo por la playa hacia mi casa, con su bañador rojo y ese flotador a juego con forma guarruna que parecía diseñado para complicarle la vida a cualquiera en vez de para salvársela. 

De haber sido así, solo le habría pedido que se lavara las manos antes de abalanzarse sobre mí al encontrarnos en la orilla al crepúsculo, porque seguro que en el chiringuito se habría hinchao a espetos y gambas y me dejaba la ropa oliendo como los cubos de basura de una marisquería en agosto. Se lo digo porque en eso de las inauguraciones todo es de gratis y la gente se pone hasta arriba.

Hasta esperé con inquietud durante toda la semana la invitación para asistir a la fiesta de apertura del local, pero solo llegaron las notificaciones judiciales habituales, algún mandamiento de embargo y el tradicional besamanos en la Delegación de Hacienda coincidiendo con la campaña de la Renta.

Sé que son pocos los que sabían lo nuestro, siempre he querido ser discreto en este tema para no hacerle daño a Pam porque, a decir verdad, no era el tipo de pareja que mi mamá quería para mí.

Sin embargo, aún hoy me pregunto qué habría sido de nosotros si hubiésemos seguido juntos. Quizá incluso habríamos sido felices, yo como hamaquero y ella en la cocina del chiringuito preparando el gazpacho y las frituras.

Tal vez esa habría sido mi vida. Maldita Julia Roberts, ¿por qué tuvo que meterse por medio?


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