Dado que está próxima la Navidad que, como todos sabemos, son días de paz, amor y de contratos precarios en el sector servicios en los que firmas por cuatro horas, trabajas diez y te pagan tres, me voy a coger un empleo navideño.
Porque los empleos que dependen de la estacionalidad son los mejores, duran tan poco y pagan tan mal que al jefe no le da tiempo a apreciar tu incompetencia y absoluto desinterés, que siempre achaca a lo mal retribuido que está el trabajo y al habitual desánimo que provoca en la clase obrera la explotación laboral. Por eso, al año siguiente, suele cometer el mismo error y vuelve a contratarte.
Había pensado presentar mi currículum como figura de belén viviente, un sector en pleno proceso de expansión, sobre todo desde lo del boom digital y los avances en inteligencia artificial.
Y aunque no lo crean, tengo amplia experiencia en esta actividad; ya de joven comencé haciendo de legionario romano, pero era un petardo, te tocaba guardia día sí y día también, y en enero siempre teníamos problemas cuando los Reyes Magos pretendían llegar a Belén con menos papeles que un burro robao, que esos no habían visto un pasaporte ni en las películas, y con la excusa de que les guiaba una estrella. Fumaos, seguro. En alguna ocasión intenté hacerles un test de alcoholemia pero los de la asociación belenista insistían en que estaba fuera de contexto.
Con el paso de los años fui ascendiendo de categoría y hoy ya puedo presentarme como San José de primera. Y les digo una cosa, para los que no entienden de belenes o no sean muy navideños, el de San José es el mejor curro del sector: es el único de la representación que no le pega un palo al agua, solo tienes que estar junto a la cuna del Niño Jesús apoyado en tu callao. Si el crío llora, se encarga María, si hay que cambiarle el pañal, lo mismo, que los hebreos insurrectos se alzan contra el imperio, pues para eso están los antidisturbios romanos. Además a mediodía el del Telepizza viene con varias pepperoni para los empleados, porque hay que reconocer que lo de la gastronomía sí fue una de las cosas buenas que tuvo la invasión romana de Palestina.
Ahora bien, hay que meterse en el papel y poner cara de circunstancia. Fíjense que en las figuritas de los belenes, José nunca está sonriendo, ni con los colegas tomando cañas y fumándose un puro celebrando el nacimiento, que habría sido lo lógico.
Hay que comprenderlo, a ver quién tiene ganas de fiesta si llegas a tu casa y tu mujer te cuenta que la culpa es de una paloma blanca que ha entrado por la ventana.
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