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Lo mío con el arroz

Milton

Viernes, 26 de Mayo de 2017

Sé que cuando los dioses me crearon a su imagen y semejanza decidieron maldecirme con un único defecto para que no fuera tan perfecto como ellos. Por eso, en su sabio pero injusto criterio, decidieron que yo jamás sabría hacer arroz.

Es por ello por lo que todos mis esfuerzos para lograr un arroz en condiciones siempre han resultado inútiles.

Abandoné con la paella pues, tras décadas de esfuerzo y miles de intentos, lo más que conseguí fue el polo de paella, que se logra cuando se pasa tanto el arroz que no consigues sacarle la cuchara de madera. Al final, a tirones, lograba arrancar media paella pegada al cucharón y, sujetándola por el palo, le daba chupetones al arroz. A veces hasta me caía una gamba.

Alguna vez lo intenté con el arroz negro, pero siempre terminó pareciendo un remake de la catástrofe del Prestige.

También hice pinitos con el arroz blanco, pero tampoco logré cogerle el puntillo. Recuerdo que una vez hice huevos a la cubana y cuando se enteraron en La Habana, el Gobierno cubano presentó una queja ante el Registro de Patentes y Marcas para prohibirme usar tal denominación al identificar mi plato.

Tampoco logré hacer un arroz tres delicias decente, pero gracias a mi mala arte con este plato inventé la tortilla de arroz.

Y aún así, no me pesa esta maldición porque sé que los dioses crearon el arroz con otro fin: como alimento de comunistas, para así poder identificar a los del vietcong y demás comunistas asiáticos que, con lo que estriñe, se les quedaron los ojos así como apretaos de tanto hacer fuerza.


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