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Fabricantes de miseria

Opinión

Miércoles, 22 de Febrero de 2023
Por Fernando Madariaga

Tras conocer el inmoral nivel de beneficios que bancos, eléctricas, petroleras y grandes de la alimentación están obteniendo gracias a la complicada situación económica y a la eterna coartada de la guerra de Ucrania, lo único que está meridianamente claro es que nuestros mercados ni son de libre competencia, ni funcionan.

Lo hicieron décadas atrás, sobre todo desde la segunda posguerra mundial hasta la crisis del petróleo de los años setenta del pasado siglo, cuando el mundo occidental experimentó un constante crecimiento económico que, además, estuvo repartido del modo menos desigual que se ha conocido. Dicho de otro modo, el reparto de la prosperidad y el enriquecimiento alcanzó de forma generalizada a la mayoría de la población.

Desde entonces, comenzamos a retroceder en el reparto justo de la riqueza, primero lentamente, después a la carrera.

En España, el imperio de la desigualdad comenzó con la privatización entre amiguetes de las empresas públicas del Instituto Nacional de Industria (INI), que inició el gobierno socialista de Felipe González y que luego siguió con los del PP.

Después, a principio de los 90, vino lo de la creación del Ibex 35, que fue el bautismo de un sistema oligopolístico repartido entre los diferentes cárteles en que se fueron convirtiendo las corporaciones económicas, cada vez más grandes y poderosas, que han llegado de facto a gestionar el país y a los grandes partidos políticos que se han sucedido en el Gobierno.

Desde entonces, esos "grandes" de la economía han ido trucando la libre competencia, amputando la “mano invisible” de Adam Smith, favoreciendo un sistema que condujera a una mayor desigualdad, creando pocos ricos muy ricos a costa de fabricar muchos pobres, construyendo, en definitiva, una España cada vez más injusta, más feudal.

Y ello con la connivencia de la clase política, cuyo servilismo tuvo ayer la última manifestación en la reunión del ministro Luis Planas con los grandes del sector de la alimentación.

Frente a los actuales excesos de esos “grandes” fabricantes de miseria, el Gobierno socialista y “progresista” se ha limitado a aprobar medidas irresponsables, como las bajadas del IVA, o cosméticas, como los ridículos impuestos temporales a los inmorales beneficios de la banca y de las energéticas.

Evidentemente ambos sectores han trasladado automáticamente a sus clientes y consumidores el coste de los mismos antes incluso de empezar a pagarlos.

Personalmente no recuerdo una España más injusta, desigual y, por tanto, menos libre, que la que padecemos hoy. Y lo de echarle la culpa también de esto a la "guerra de Putin" no parece suficiente para explicar un proceso que comenzó décadas atrás.

No obstante, admitiendo que sea la guerra el origen de este desmedido enriquecimiento de unos pocos, me viene a la memoria lo que el Nobel de Economía Joseph Stiglitz escribía en un reciente artículo, cuando recordaba que hasta no hace mucho, se fusilaba a quienes se aprovechaban de la guerra para enriquecerse.


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