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Lunes, 23 de Mayo de 2022
Por Fernando Madariaga

Bien, finalmente parece que hemos encontrado el sentido de la justicia absoluta y que, con todo lo que está pasando en Ucrania, lo de condenar a cadena perpetua a un soldado ruso de 21 años por crímenes de guerra, va a contribuir a hacer la guerra menos injusta, incluso más humana.

El que un niño, al que Dios sabe qué escala jerárquica ha nombrado sargento con solo 21 años -sería general a los 40-, disparara a un civil que hablaba por un móvil al recibir la orden de hacerlo por miedo a que informara sobre su posición, casi ha sido aplaudido por todos los países occidentales ante la actuación de una justicia ucraniana que se asemeja más de lo que cree a la justicia de Vladimir Putin.

Personalmente me recuerda, salvando las distancias, a aquella sentencia del “caso Malaya” en Marbella, cuando un incompetente magistrado de la Audiencia Provincial de Málaga afirmó sin rubor que la sentencia debía ser “ejemplarizante”. Personalmente pienso que debería haber sido expulsado de la carrera judicial solo por ese comentario y su decisión revisada por jueces que demostraran  buen juicio y cordura.

Los procesos judiciales no están para dar ejemplo, ni para amedrentar a la población. Los juicios están para hacer justicia aplicando la ley; sin salirse un milímetro de lo establecido, sin que el juzgador pueda tomarse licencias sobre lo que él cree que es justicia. Cuando eso sucede, siempre hay algún imbécil dispuesto a joderle la vida a un tercero para dar ejemplo.

El caso del sargento Vadim Shishimarin, que así se llama el crío al que ahora vamos a joderle la existencia, solo es otro ejemplo de esa “justicia ejemplarizante”, implacable e inquisitorial, más aún ahora, cuando es el primer caso de un militar ruso condenado por crímenes de guerra.

Nada importa la obediencia debida, nada importa la tensión en el combate, la falta de tiempo para reflexionar o discutir una orden de un superior al que ni tan siquiera llegó a conocer. Nada importa la naturaleza caótica, cruel e indiscriminada de la guerra.

¿Tienen idea de a cuántos civiles inocentes hemos matado, nosotros, la OTAN con Estados Unidos a la cabeza, en Irak, Afganistán, Libia o Siria? Es cierto que ni eran rubios ni tenían ojos azules.

Cuando era más joven, con la cómoda claridad que otorga la ignorancia, habría señalado al joven sargento ruso con mi dedo acusador para sentenciarle para el resto de sus días.

Tras pasar años atrás por media docena de conflictos y ya acercándome a la vejez, les garantizo que miles de militares occidentales, incluyendo a españoles, deberían estar en la cárcel si se les aplicara ese mismo concepto de “justicia”.


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