No se van a creer lo que me pasó el sábado: que cuando volví de una boda, creí que intentaban robarme la casa.
Los hechos sucedieron de la siguiente forma: yo me fui al ágape matrimonial por la mañana con idea de estar un ratillo, felicitar a los recién casados, departir unos minutos con los invitados haciéndoles disfrutar de mis inteligentes reflexiones y, luego, volver al Milton Palace para continuar con mi retiro espiritual.
Sin embargo, durante el cóctel previo al banquete, fui drogado. Lo noté porque, tras la octava cervecilla, me di cuenta de que me sentía injustificadamente feliz y de que hasta sabía bailar. También puede que la droga estuviera en las cinco o seis copas de champán que me tomé antes de la cerveza pero, en cualquier caso, era evidente que estaba intoxicado.
Temí que se tratara de burundanga de esa y que, de pronto, media docena de valkirias exuberantes, aprovenchándose de mi anulada voluntad, se abalanzaran sobre mí instrumentalizando mi jovial cuerpo para colmar su insaciable lujuria. Pero nada, esperé un buen rato, pero no pasó, y eso que me había duchado esa misma mañana.
Durante la comida intenté mitigar los efectos de los narcóticos con un rioja tinto, sabor a roble, fino en nariz y seco en paladar, toques de frambuesas y de café.
A la segunda botella me sentí mejor. De hecho creí haber anulado gran parte de los efectos de los narcóticos, sin embargo, al irme a dormir a altas horas de la madrugada, me percaté de que la cama se movía.
Sabía que no se trataba de un desahucio porque cuando los bancos se quedan con la casa, suelen dejarla donde está. Tenía que ser una de esas peligrosas bandas del Este que asaltan viviendas, que serían los que me habían drogado en la boda, aunque se habían olvidado de la media docena de valkirias que debían asaltarme.
Sin embargo, respiré profundo, hice la postura flor de loto y, recuperada la quietud de espíritu, me di cuenta de que la casa se movía porque, gracias a mi acusada sensibilidad, sentía la rotación de la Tierra. Admito que, a veces, me paso de espiritual.
Lo que aún no he descubierto es quién me drogó.
Ratio: 5 / 5
Comentarios potenciados por CComment