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Nosotros los sicilianos

Milton

Miércoles, 26 de Abril de 2017

Cuando esta semana vi a los obreros que me han levantado toda la terraza echando el cemento en el suelo, supe que nunca tendría otra oportunidad como esta.

Ni a Vito Corleone se le aparecería la virgen de una forma tan obvia para indicarle cómo desembarazarse de sus pecados. Era el momento y la oportunidad para enterrar los míos.

Sé que los que no son gente “de familia” no entienden lo de deshacerte de los indicios enterrándolos en cemento, pero yo debo llevar sangre siciliana en las venas porque siempre que veo una hormigonera funcionando, me pongo a pensar qué delito puedo cometer en las pocas horas que tarda en fraguar el cemento.

Seguro que tengo algún antepasado de aquellas tierras al que llamarían algo así como “Don Miltonini” o “il capo Miltone”, que ya apuntaba maneras en esto de ser un hombre “de familia”.

Por eso, en cuanto se fueron los de la obra, salí con mi pala y enterré en el cemento varios recibos impagados de la hipoteca, los restos de la comida que pedí del chino el otro día y varios dvds con pelis guarrunas bajadas ilegalmente de internet, que nunca sabes cuándo va a aparecer el FBI.

También enterré en el frío cemento a los traidores al honore di la Cosa Nostra, haciendo una agujero aún más profundo para mandar al infierno una carta de Endesa en la que se disculpaban por un error en la factura y me devolvían dinero, y otra de mi sucursal de Abarca y Devora Ltd. Bank, diciéndome que tenía derecho a recuperar lo que me habían cobrado de más por la cláusula suelo.

Una compañía eléctrica y un banco devolviendo lo injustamente cobrado, porca miseria, a dónde vamos a llegar. Cuando no se respeta el código di la famiglia, hay que imponer la omertá, la ley del silencio. Los sicilianos siempre lo hemos hecho así.

Además, en esta ciudad es de las pocas cosas que puedes hacer con el cemento sin necesidad de solicitar una licencia en Urbanismo.


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Por Fin
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