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Por Fin
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La tuna

Milton

Lunes, 11 de Julio de 2022

Traumática madrugada este amanecer en mi gruta de las Tierras Altas, cuando un puñao gaviotas se pusieron a darse palos en la misma puerta de mi casa. Por los dramáticos graznidos, en un principio pensé que se trataba de turistas británicos, hijos de la reina madre todos ellos, que regresaban a sus apartamentos turísticos ilegales.

Porque ya saben lo que pasa con los turistas de la pérfida Albión, que se pasan la noche en la nueva biblioteca municipal leyendo a los presocráticos y luego se vuelven a casa manteniendo un acalorado debate sobre si Tales de Mileto o Anaximandro eran mejores o peores que Messi.

Entonces, alterado mi sueño por el ruido de sables a la puerta de la gruta, salté presto de la cama, en calzoncillos y escoba en mano, dispuesto a unirme a los más débiles en la lid.

Sorpresa suprema cuando, al abrir la puerta, me encuentro al puñao gaviotas gritándome en la cara como si trabajaran para mi sucursal de Abarca y Devora Ltd. Bank. Sin miedo a la superioridad numérica de sus fuerzas, la emprendí a escobazos como lo haría una abuela ucraniana frente a las tropas rusas.

Aletearon y retrocedieron algunos pasos ante el ímpetu de mi valentía, pero entonces se pusieron en fila y graznaron cada una por su cuenta en lo que recordaba a un tema antibelicista de mayo del 68 en recriminación de mi violenta actitud.

Fue en ese momento cuando me di cuenta de que mi análisis táctico había sido equivocado. No se trataba de un mogollón entre gaviotas borrachas a las que les han cerrado el bar.

Cantando todas unidas sin saber cantar y cada una por su cuenta; comprendí que se trataba sin duda de la tuna del PP, que por eso tienen una gaviota en su escudo. Unas por soleares, otras por seguiriyas y las más jóvenes de Reggaeton o en plan Rosalía: insinuantes, sexis pero reivindicativas.

Ponerlas de acuerdo para que me rondasen por "Clavelitos" se me antojó imposible. Varias de ellas eran incapaces de mantener un fa sostenido y aún menos alcanzar un allegro ma non troppo que habría endulzado un poco la melodía y, tal vez, incluso ganarse mi corazón

Me acordé entonces de lo de Pablo Casado y comprendí que para dirigir una tuna no basta con haber ido a la universidad.

Y otra cosa les digo, si pretenden ganarle a Pedro Sánchez con las actuaciones de esta tropa, mejor que envíen un cheque regalo del Carrefour.


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