Hace unos días tuve una experiencia vital tan intensa que aún hoy estoy reflexionando sobre sus consecuencias en ese microcosmos que es siempre la existencia individual. Fue porque me levanté antes de las once de la mañana y creo que esa vivencia me ha convertido en mejor ser humano.
Todo comenzó cuando la Policía Nacional me dio la cita para renovar el DNI porque, según el agente que me atendió, lo tenía caducado desde hace algún tiempo. Me explicó que en este tipo de documento ya no se utiliza el latín ni los números romanos.
Tecnicismos al fin y al cabo que no justificaban que me diera un madrugón argumenté con mi sagaz perspicacia y grácil verbo. Entonces el policía admitió que tal vez yo tuviera razón pero que él tenía una pistola y una porra, así que me convenció a pesar de reconocer su derrota dialéctica.
En fin, entonces, el día de autos, me encontré inerme en la calle, rozaban las diez y media de la mañana, el sol comenzaba a despuntar por el horizonte y, en de pronto, una figura humana vino hacia mí por la misma acera. Me oculté en unos soportales pues, como saben, a esas horas vagando por las calles solo puede ser un zombi que regresa a su gruta tras devorar a varios seres humanos, un comunista que se dirige a una manifa anti-OTAN o un inspector de la Agencia Tributaria buscando una nueva víctima.
No quiero aburrirles con todos los detalles de mi periplo solo decirles que, no sin esfuerzo, logré llegar a las dependencias policiales. Allí, un amable agente me preguntó qué deseaba.
Que Elsa Pataky me ponga un kiosco de chuches en La Alameda, obviamente. Pero que si no podía ser me apañaba con renovar el DNI.
Entonces cogió un listado y me preguntó mi nombre.
¡Ja! A ti te lo voy a decir. Me acogí a mi derecho a no declarar, a ser asistido por un abogado del turno de oficio y le informé de que tenía coartada para lo de Kennedy en Dallas y de que no existen pruebas sólidas que me relacionen con el Emérito y la comisión saudí.
El agente, molesto al saber descubierto su intento de incriminarme falsamente, me dijo que no le hiciera perder el tiempo y que si no le daba el nombre, no había DNI.
Entonces me puse serio y le advertí de que cuando tenga el kiosco de chuches en La Alameda no le dejaré participar en la "hora feliz" ni en los "2x1".
Además le dije que lo de citar a la gente tan temprano era inconstitucional y una vulgaridad.
O pones los puntos sobre las íes desde el primer momento o se te suben a las barbas.
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