Me ha pasado algo que no me había sucedido jamás, mi tele ha sido víctima de un ataque yihadista y todos los canales de la televisión pública han sido sustituidos por otros en árabe y ahora me paso el día zapeando de mezquita en mezquita, y Chanel sale con burka bailando SloMo, y aún así, tiene su aquel.
Empecé a sospechar hace unos días, cuando al poner las noticias apareció en la pantalla un señor con chilaba, turbante y una larga barba. Primero pensé que era Zelensky tuneado pidiendo armas a los países del Golfo. Además me confundió aun más la noticia en la que aparecía el rey emérito hablando en árabe a su llegada a Mallorca. Claro que después de dos años en Abu Dabi hasta podía haber dejado de comer cerdo.
Sin embargo, cuando apareció una presentadora cubierta con un velo me dije que, o habían despedido a la ministra Irene Montero o los yihadistas habían tomado mi televisor. Hasta miré por detrás del aparato a ver si encontraba semiocultos los cuerpos inertes de nuestros presentadores de toda la vida. Seguro que Matías Prats estaría entre ellos, con lo famoso que es, ni el seguro de Línea Directa podría salvarle.
Aún no tengo claro por dónde se han colado los yihadistas en mi televisor, pero ante el temor nunca descartable de que algún presentador de esos telediarios se inmolara ante las cámaras y me pusiera la gruta hecha unos zorros, llamé a un antenista para que revisara la instalación.
Un día después sonó el timbre de la puerta de mi gruta y, al abrir, me encontré a un joven árabe con una caja de herramientas y un rollo de cable.
¿Tu nombre?, pregunté inquieto. Mohamed Ibrahim, soy el antenista.
¿Ibrahim de los Ibrahim casado con la cuñada de la hermana del portero de la urbanización de los Bin Laden en Arabia Saudí?
No, Ibrahim de los Ibrahim de Divina Pastora.
Entonces lo supe, estaba perdido, eran ellos.
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