Les digo una cosa, se nos escapan las mejores. Me refiero a las oportunidades, no a las valkirias. Podíamos habernos sacado unas perrillas con la medio declaración de independencia del bueno de Puigdemont.
Estaba clarísimo. Fíjense la pasta que habríamos trincado si en el desfile militar de mañana, hubieran salido Albert Rivera y Rajoy vestidos de gladiadores romanos en una cuadriga tirada por caballos blancos.
Albert a las riendas y Rajoy, asido al borde del carromato, saludaría a las masas mientras, siguiendo la tradición de los césares, la vicepresidenta Soralla, vestida de vestal sexi, sostiene sobre la cabeza del presidente una corona de laurel y le susurra al oído, “no eres un Dios, solo eres Mariano”.
Y, por supuesto, Puigdemont atado tras el carromato, vencido ante un Rajoy que parecería como si viviera de conquistar las Galias. Sería épico.
Está claro que nada de desfile gratis, eso se acabó. El que quiera espectáculo que lo pague, que hasta el borrego de La Legión tiene sus derechos. Y las televisiones pagando también por la retrasmisión, como en el fútbol.
Había pensado que, al pasar por la tribuna, se podría flagelar al president para dar un poco de vistosidad al espectáculo. Me planteé incluso lo del león, como en el circo romano, pero a ver luego quien vuelve a meter al bicho en la jaula mientras está comiendo.
Aunque yo sé que Puigdemont ya había tenido la idea. Cuando ayer en el Parlament le ofreció negociación a Rajoy me dije, ¡tate!, este quiere cobrar, seguro que va y pide la comisión del 3% de la recaudación, que la cabra tira al monte.
Un éxito seguro, ¿a quién no le gusta una peli de romanos? Y el próximo año lo podemos repetir con cualquier personaje público que no sea demasiado útil.
Que es un negociazo, que se lo digo yo, sobre todo ahora que el iva de los espectáculos ha bajado al 10%.
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