Somos pocos los que sabemos lo que está pasando en estos momentos el bueno de Messi, que mucha gente se cree que sus lloriqueos durante la rueda de prensa eran porque tenía que irse del Barcelona, otros pensaban que eran debido a la calidad del periodismo actual, que no informa con suficiente puntualidad sobre lo que le pasa a Rociíto.
Y, aunque pudiera parecer lo más lógico, no fue por ninguna de estas dos importantes cuestiones. Para mí que fue por el precio de la luz. Fíjense, el pobre hombre, le pilla el megavatio/hora por encima de los 100 euros justo cuando se acaba de quedar sin trabajo. Verás para pagar el recibo del mes.
Si bien, admito que también pudo influir lo de que te echen del curro, que eso a mí me ha pasado y es un trance amargo; recuerdo una vez que mi jefe me dijo que si seguía sin darle un palo al agua iba a la calle y aunque le expliqué que dedicaba todos mis esfuerzos a gastarme lo que injustificadamente me pagaba, me echó. Desagradecido.
También creo que en las lágrimas de Messi hay algo de expiación. Hay que admitirlo, lo de dedicarse a perseguir una pelotita vestido en ropa interior de vivos colores para propinarle un puntapié con el fin de hacerla pasar entre varios palos para, posteriormente, mostrar un injustificado júbilo retozando sobre el césped con otros hombres adultos igualmente ataviados de forma inapropiada entre caballeros, debe pesar en la conciencia.
Aunque, en realidad, todo esto son solo especulaciones porque lo mismo ha sido por una ruptura sentimental, que yo sé que Elsa Pataky lo pasó muy mal cuando le dije que la mujer de mi vida era la ministra Irene Montero y que lo sentía mucho por ella, por ello y por elle, pero que lo nuestro se acabó. Fui duro pero sincero.
Claro que, tal vez, a Messi le pasa como a todos los que somos unos sentimentales, que cuando estás en la barra tomándote las cervecillas por la noche y anuncian el cierre mientras el camarero se niega a ponerte las últimas treinta y ocho cañas, ¿a quién no se le humedecen los ojos?
Bueno, esas son las principales opciones que justificarían las lágrimas de Messi, aunque lo más normal es que sea solo el sofocón por haber perdido el bonobus y que no tenía suficiente el hombre para pagarse la vuelta a casa, que los autobuses en Barcelona no deben ser baratos. Eso a mí también me ha pasado.
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