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El mosquito torero

Milton

Lunes, 18 de Septiembre de 2017

Vaya verano que llevo de picaduras de mosquito, que cuando cae el sol en el Milton Palace los tengo haciendo cola en la puerta, algunos hasta llevan ya la servilleta anudada al cuello.

Todo empezó en el mes de julio cuando, estando viendo una peli en el devesde, noto un fuerte pinchazo en el brazo.

Pensé que podía tratarse de mi conciencia, porque estaba viendo “Las vigilantes de la playa del Imserso” que, aunque no de guarruna, sí podría calificarse de picantona. No obstante debo añadir que le pasa como a “El último tango en París”, que también es un clásico.

Sin embargo, al irme a dormir y apagar la luz, empecé a escuchar claramente los picados y vuelos rasantes de los mosquitos, algunos gritaban “banzai” al lanzarse sobre mi cuerpo mientras yo trataba inútilmente de derribarlos dando manotazos al aire.

Tras los primeros días, pasé a la guerra química, con el uso de insecticidas, pero me percaté de que no resultaban demasiado eficaces cuando vi a algunos mosquitos echándose el espray bajo los alerones para ahorrarse el desodorante.

En agosto la cosa empeoró porque empezó la Feria de Málaga y llegaron los toros. Un coñazo.

Por la noche, antes de lanzarse a cocerme a picotazos, la cuadrilla, inmaculadamente vestida con trajes de luces, hacía el paseíllo por el dormitorio. Incluso, el maestro lanzaba la torera al respetable y creo que, en idioma mosquito, debía decirle lo de “va por ustedes” a las mosquitas de mantilla que estaban sobre la lámpara. En ocasiones, juro que hasta escuché acordes del tradicional pasodoble taurino e incluso entusiastas exclamaciones de "¡ole, ole!" desde la barrera.

A modo de rejoneadores, los mosquitos tigre trataban de debilitar mis fuerzas para dejar luego un res mansa al diestro, que remataba la faena amargándome la noche.

Aunque les digo una cosa, y no es que yo sea antitaurino, pero cuando acertaba un manotazo y espachurraba al maestro, entendía perfectamente la satisfacción que debe sentir un vitorino cuando engancha al torero.


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