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La comisión

Milton

Lunes, 15 de Marzo de 2021

Los que somos grandes demócratas sabemos que hablando se entiende la gente, por eso, cuando la semana pasada mi sucursal de Abarca y Devora Ltd. Bank me informó de que me iba a crujir con nuevas comisiones, supe que era el momento de hacer uso de mi conocido talante dialogante.

Tras recibir un correo electrónico en el que se me exigía una cantidad cierta en concepto de comisiones, a pagar en billetes pequeños y sin marcar, acompañado de una imagen del último balance de mi cuenta corriente a modo de prueba de vida, me he acercado hoy mismo a la sucursal para negociar el asunto.

Sí es verdad que desconcierta un poco lo de entrar al banco en estos días de coronavirus, con todos los empleados enmascarados tras sus mesas. Qué tiempos aquellos en los que el enmascarado siempre entraba por la puerta con una recortada del 12 informando, para que la gente no se confundiera, de que se trataba de un atraco.

No obstante, tras exponer al apoderado de mi sucursal mis quejas sobre la nueva comisión Cosa Nostra de 10 euros al mes, entendió perfectamente mi malestar y me tranquilizó informándome de que ese cargo era voluntario. Me ofreció la opción de negarme y pagar más, o bien cumplimentar el formulario “Firma o te mato”, advirtiéndome de que sabían donde vivía. Por aquello de la obligación legal de informar al cliente, ya saben.

Y me cobró solo otros 3,20 por fingir comprensión asintiendo con la cabeza mientras me quejaba. Además, 1,57 euros por coincidir mi visita con el Día Internacional del Consumidor Pringado.

Satisfecho por haber solucionado nuestras diferencias dialogando, iba despedirme cuando me sugirió suscribir un nuevo seguro dental que comercializaba el banco. Aunque lo rechacé porque, como le dije, lo mi dentadura estaba más o menos bien. Entonces, sorpresivamente, sacó su famoso bate anti-clientes díscolos y me arreó un viaje en los piños de esos de salir varios en plan "mariquita el último".

Comprendí entonces la sutileza de la lección que este maestro zen de la rapiña bancaria me ofrecía: "Pequeño Saltamontes, aunque duela, todo lo hacemos por tu bien". Y solo por 5,37 euros.

Desde luego, a veces soy un desagradecido.


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