Detecto preocupación en la sociedad por lo de la subida de la electricidad y creo necesario explicarles de forma simplificada, casi primitiva, para que puedan entenderlo, por qué se produce este efecto que no es más, en realidad, que el resultado de la aplicación de diferentes leyes básicas.
En primer lugar, la factura de la luz sube porque usted va y la enciende. Pues apáguela hombre de Dios y verá como no sube. Este es el resultado lógico de una ley de la física que dice que si aplicas una fuerza adecuada en kilos por centímetro cuadrado sobre el interruptor de la pared en un sentido, se enciende la bombilla; si lo haces en el contrario, se apaga. Si al aplicar tal presión en kilos por centímetro cuadrado no sucede ninguno de estos efectos es, o porque te han cortado la luz o porque se ha fundido la bombilla.
Y lo mejor de no encender la luz es que, además de dejarte eunuco con el pico de la mesa del comedor al ir a ciegas por el piso, solo te toca pagar los impuestos, que suman el 47%, del precio de lo que no has consumido. Un chollo.
En segundo lugar, está la ley económica que dice que el precio de la energía viene determinado por el mercado. Aunque, a decir verdad, tengo mis dudas sobre este principio macroeconómico porque yo voy a menudo al mercado a la carnicería de Andrés y, además de los filetes de pollo, cuando le he pedido que me ponga cuarto y mitad de kilovatio, me ha dicho que él no “piki ingli”, que es de escuela pública.
En tercer lugar, está la ley religiosa, que indica que la factura de la luz la carga el diablo y que nos llega cada mes para recordarnos que, como dijo ese gran filósofo que fue Rambo, “esto es un infierno”.
Desde el otro lado, los yihadistas están convencidos de que el fin divino de la factura de la luz es radicalizar al consumidor. Y tiene su lógica porque lo primero que apetece cuando te llega la factura es cargarte de explosivos e inmolarte en las oficinas de una compañía eléctrica al grito de "¡Vulgares mortales, lo que vendéis es corriente".
Y por todo ello, la última ley de la factura de la luz cumple el objetivo social de proteger al pringado consumidor de sí mismo. Para que si, al comprobar lo que va a pagar ese mes, acaricia la idea de meterse en la bañera con el secador y así acabar con sus miserias, se lo replantee al pensar lo que le iba a tocar pagar al mes siguiente por la sobrecarga. Además, los daños en la instalación por el cortocircuito también corren por cuenta del consumidor.
Por cierto, si alguien se está planteando lo de electrocutarse con las pilas de la radio, que se olvide, no funciona. Sobre todo si las has comprado en el chino.
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