Al plantearse prohibir las despedidas de soltero/a que se salgan de madre, el Ayuntamiento, no solo está reprimiendo el legítimo derecho del turista cutre a ser él mismo, sino también mi futuro profesional.
Porque con esto de que las redes sociales han conseguido que en este país no lean ni los libreros, yo había decidido volver al mundo del espectáculo y darme de alta como autónomo para ejercer de “boy” en las despedidas de soltera celebradas en nuestra ciudad por grupos de súbditas británicas manifiestamente ebrias.
Ya saben, lo de subirme a la mesa del bar con un tanga emulando la piel de tigre, con botas y sombrero vaquero para hacerle un baile sexy a la novia mientras esta vomita en la papelera más próxima.
En realidad, me había planteado dedicarme a lo mío, que es el mundo de la canción, pero como el Ayuntamiento también piensa fastidiar lo de Starlite, tuve que cambiar de rumbo. Ha servido de poco; yo creo que hay alguien en el equipo de Gobierno que envidia mi talento artístico.
Y pensándolo bien, lo de “boy” tienes más proyección profesional porque eso de llevar a la despedida de soltera a un tío joven de gimnasio, en plan Mr. Propper, está superpasado.
Ahora lo suyo es contratar a mayores de cincuenta, con escaso pelo e insinuante barriguilla cervecera que caiga elegantemente sobre el tanga, ya saben, sin enseñar pero insinuando, que es lo que las pone como una moto.
Incluso creo que es una buena idea para propiciar la reinserción laboral de los mayores de 45. Y deja dinero, que no solo es lo que te pagan por el baile sexy sino también las propinas que las chicas te ponen en el refajo, que eso es todo en negro. Si quiere Cristóbal Montoro lo de las propinas, que haga como yo y se meta a "boy". Bueno, ahora que me lo imagino con el tanga y el sombrero, mejor que no.
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