Bien, pues ahora que el Gobierno británico nos ofende de nuevo exigiendo a sus nacionales procedentes de España sufrir la ignominia sanitaria de una cuarentena, está más que justificado que, previa reunión del Estado Mayor del Ejército, desde la Jefatura del Estado se dé la orden de invadir Chipre, Malta o alguna pequeña isla griega.
Es cierto que lo lógico sería responder a la ofensa de la pérfida Albión procediendo a la rápida conquista de Gibraltar, pero si hacemos eso ya no podremos acercarnos al peñón a comprar gasolina barata, alcohol libre de impuestos y aún menos conseguir tabaco de contrabando en Algeciras. Además en Gibraltar lo del aparcamiento está fatal y tienen unos monos feísimos que deben estar plagados de enfermedades mortales en plan ébola y cosas así.
En fin, Gibraltar, descartado.
Luego me planteé lo de invadir directamente Reino Unido y repetir la gesta romana, evitando a las tribus más aguerridas y hostiles del norte, a las que confinaríamos en ese extremo del país, construyendo un nuevo muro de Adriano. Si bien, como ahora sería nuestro muro, le llamaríamos algo así como “Tapia Perico Sánchez”, y de esta forma podríamos, a la vez, exportar nuestra cultura y forma de ser a esas inhóspitas tierras, porque de un obrón así se puede trincar casi tanto como en el AVE a La Meca.
Otra opción es no invadir nada y secuestrar a los turistas ingleses que ya están aquí y ofrecerle a Londres un precio alzado para devolverle a todos sus nacionales. Claro que desde que está Ryanair, el turismo casi se ha convertido en la fiesta de los pobres, y lo mismo el Gobierno británico nos dice que nos quedemos con los turistas y que, si nos ape, hasta nos envían un puñao de refugiados de Sri Lanka o Myanmar.
También se me ha ocurrido animar a todos los británicos a renunciar a su nacionalidad a la vez que solicitan la española a cambio de un bono descuento para un mes en un apartamento turístico de Benidorm, cuatro litronas de Cruzcampo y una copia de las fotos que aparezcan en la inutilizada tarjeta SIM de la amiga de Pablo Iglesias.
Sin embargo, al final he decidido que es mejor opción la de Malta, Chipre o cualquier isla griega. Primero porque no tienen grandes ejércitos que obliguen a largas campañas de conquista. No hay que olvidar que en agosto hay mucha gente que querrá coger vacaciones, tanto entre los conquistadores como entre los conquistados.
Y, segundo y más importante, los británicos no se lo esperan. El factor sorpresa es la mitad de la batalla. Brillante, ¿verdad?
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