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Influencer

Milton

Viernes, 21 de Julio de 2017

Lo que está cambiando la cosa con esto del mundo digital y las redes sociales, que hasta hace nada mi clasificación profesional en el Servicio Andaluz de Empleo era de mamarracho que escribía sandeces y ahora soy un influencer.

Para los que no hayan actualizado aún su software mental a los nuevos tiempos, les diré que un influencer es básicamente lo mismo pero en las redes sociales, lo que significa que, de escribir, poquito y con todas las faltas de ortografía que uno quiera. En este nuevo mundo la ignorancia cotiza.

Otra gran diferencia entre un mamarracho que escribe sandeces y un influencer es que, al primero no le toman en serio ni los de la Agencia Tributaria, mientras todo lo que dice el segundo es admitido como dogma de fe.

Porque lo que le pasa al influencer es eso, que influye, y tiene un montón de seguidores que le veneran y le creen porque sí, como si se tratara del rebaño de un pastor evangelista.

Y cualquier sandez que diga o haga se convierte en una muestra de genialidad, siempre que lo diga o haga por las redes sociales. Además, las marcas de casi todo le pagan una pasta y cuanto más numeroso sea el rebaño que pastorea, mejor que mejor.

Por eso voy a pedirle a Victoria's Secret y a Cruzcampo que me contraten como influencer. Mi plan es subir a las redes sociales vídeos míos y selfies en los que aparezca persiguiendo a las modelos de la firma de lencería cubierto únicamente con mi conocida gabardina Burberry, mientras me bebo botellín tras botellín.

Ahora solo queda que los polis y los jueces se pongan al día en temas digitales y entiendan que no soy un guarruno perverso sino un influencer. Es como cuando en la Edad Media quemaban a los hechiceros porque practicaban la medicina y, sin embargo, hoy trabajan en la Seguridad Social.


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