Les digo una cosa, con la actual y devastadora pandemia del coronavirus, yo estoy intentando seguir las recomendaciones de Sanidad a pesar de la manifiesta irresponsabilidad y falta de solidaridad de muchos de mis conciudadanos.
Y yo no soy de los que se acuerda de Santa Bárbara cuando truena, que va. Esto fue un poco más como los pastorcillos y la Virgen de Fátima. Concretamente, una noche, cuando, en plena fase REM, no soñé con nada guarruno relacionado con Pamela Anderson y el Imserso. Esta vez fue en serio y ni tan siquiera me pasó como al niño de "El sexto sentido", yo no vi muertos. Pero vi con claridad a Fernando Simón, del centro ese de emergencias sanitarias, dando su rueda de prensa diaria a los pies de mi cama. Y me repetía sin parar las cifras de infectados en las diferentes provincias españolas, mientras yo, entre espasmos de terror, le alargaba un peine para ver si podía hacer algo con esos pelos.
Me desperté sudando y decidí en ese momento cumplir estrictamente las indicaciones de las autoridades sanitarias. Por eso siempre le pido al que tengo más cerca que me permita su antebrazo, que es donde hay que estornudar para evitar propagar el coronavirus. Sin embargo, me encuentro con muchos ciudadanos que se enfadan porque les dejo la chaqueta o el jersey lleno de pequeños objetos verdes de morfología inenarrable. En ocasiones, incluso, cuando estornudo en el brazo de otro, reconozco cosas que no recordaba haber comido.
Luego están los tiquismiquis de los pañuelos que, al toser o babear sobre uno de ellos, siempre le pido a alguien que se lo meta en el bolsillo y me lo guarde por si lo necesito más adelante. Pues, aunque no se lo crean, hay gente que se niega y está dispuesta a exponer a sus conciudadanos a la devastadora enfermedad.
Bueno, y los groseros que se enfadan con el saludo, que como ya no se puede estrechar la mano, yo les propino una firme patada en los cataplines para que quede claro mi afecto a pesar de las circunstancias. Pues muchos, cuando logran recuperar el resuello, se ponen como fieras. Maleducados.
Y lo peor de unos y otros no es ni tan siquiera su falta de solidaridad, sino su absoluta carencia de empatía, porque cuando les doy mis pañuelos usados o me limpio en su ropa esas cosas tan raras que salen de mi nariz, ni tan siquiera se lavan las manos.
Poco está pasando para la cantidad de irresponsable que hay.
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