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"Pesao" no, más

Milton

Viernes, 31 de Enero de 2020

Les digo una cosa, lo de dejar salir de la cárcel a Oriol Junqueras para que acudiera al Parlament a no sé que, malo. Pero lo de darle un micrófono, imperdonable. Casi un acto genocida dirigido contra sus propios compañeros y contra el resto de los españoles, que los discursos de seis horas de Fidel Castro pasaron a convertirse en breve resumen informativo.

Porque la cosa no comenzó mal. Siguiendo mi habitual rutina de desayuno, encendí la tele y me encontré con el vehemente independentista de mirada desviada soltando el habitual alegato secesionista. En ese momento, ni tan siquiera me preocupé demasiado. De hecho creo que no me sentiría yo mismo si empiezo el día sin oír hablar del independentismo catalán, porque para mí es un poco como la lotería de Navidad: de tanto repetirlo, se ha convertido en tradición.

Sin embargo, tras la primera hora diciendo lo mismo cien veces, empeñado en reiterar hasta la saciedad oscuras e incomprensibles inconcreciones, me fijé que algunos de los parlamentarios empezaban a sufrir espasmos. Yo mismo experimenté cierta ansiedad y creo que  hasta conatos de arritmia.

No obstante, como hacemos los valientes, apechugué y me dije para mis adentros que si fui capaz de sobrevivir a la mili, al debate de investidura y a las rebajas en Ikea, podría soportar a Junqueras.

Pero en la segunda hora del castigador soniquete, con la monótona voz de la traducción simultánea, las fuerzas empezaron a fallarme. Comprendí en ese momento el gran servicio que Pedro Sánchez le hace a España al pretender sacarlo de la cárcel y, si es posible, del territorio nacional, aunque sea llevándoselo en el Falcon.

Imagino a los abnegados funcionarios de Instituciones Penitenciarias, el desasosiego que debe embargarles pensando en lo que todavía le queda de condena. Y ese Junqueras, día tras día dando el coñazo con el discursito secesionista mientras es el director de la prisión el que se descuelga por la ventana de su despacho atando sábanas.

¿Se imaginan a su pobre compañero de celda? Víctima de violentas convulsiones tipo ébola mientras Oriol le vuelve a explicar por milésima vez el legado de Lluís Companys como pilar de la futura república catalana y su relación con el fuet de Casa Tarradellas.

Además, hubo ensañamiento, que cuando ya algunos de sus compañeros de partido apuntaban maneras de inmolarse envueltos en la señera, va Junqueras y dice aquello de "voy a ir terminando", dando falsas esperanzas a quienes se saben perdidos. Evidentemente, mintió.

Por eso ha sido lo de acabar con el pacto de Gobierno en Cataluña, que el president Torra pensó que como Oriol salga de la cárcel, seguro que va a pretender contarle su proyecto de república. Torra es un hombre mayor y no quiere pasar lo que le queda de vida atrapado por la dialéctica.

Que sepan, además, que no era de la Justicia de quien pretendía escapar Puigdemont cuando se fugó a Bruselas.


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