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El capón

Milton

Sábado, 11 de Enero de 2020

Esta Navidad me he dado cuenta de que lo de la violencia de género va más allá de lo que creíamos, porque me fui al mercado a comprar un pollo para asar y me recomendaron que, dado lo festivo de las fechas, me llevara un capón.

Aunque a mí me parecía un pollo normal y corriente, los carniceros me explicaron que su carne era mucho más suculenta dado que lo capaban y le cortaban la cresta antes de alimentarlo, lo que contribuía notablemente a que resultara mucho más sabroso.

Este descubrimiento me llevó a reflexionar serenamente sobre el significado implícito que subyacía en el hecho de que humillar al macho contribuía a hacerlo más atractivo a la hora de devorarlo.

Inevitablemente, esto me condujo a la inquietante realidad de que el discurso feminista no pretende sino convertirnos en eunucos emocionales para, despojados de nuestra naturaleza de machos, ablandar nuestras carnes y almas para poder devorarnos anímicamente.

Lo sé por mi buen amigo Hermenegildo que, convertido en capón, contestaba “lo que tú digas cariño” antes de que ella abriera la boca. No es casualidad que sean ellas las que insistan con lo de “¿dónde vas con esas greñas? ¿es que no piensas cortarte el pelo?”. La cresta en definitiva, que te priva del último atributo que te queda antes de terminar en el horno o cenando en Navidad en casa de los padres de ella, que viene a ser lo mismo.

Por eso, cuando el carnicero me puso el capón delante para que contemplase la derrota en toda su extensión, no pude sino abrazarme a él entre sollozos para decirle, “no te preocupes compañero, con o sin apéndices, con o sin cresta, el que nace machote, muere machote. Y si ahora prefieres que te llamen María Vanessa, tienes todo el derecho del mundo".

Y no es porque encuentre algún paralelismo con el emponderamiento de la mujer, sino porque tenemos que aceptar el hecho de que la diversidad debe alcanzar a los pollos y que, al igual que cualquier hijo de vecino que se descubre a sí mismo mismamente, tienen derecho a subvenciones y a participar en castings para pelis de Almodóvar. Más aún con el nuevo Gobierno progresista.


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