He visto con pesar durante estos días de agitada situación política que todavía son muchos los ciudadanos que claman por solucionar las cosas sacando los tanques a la calle, lo que demuestra que aún no han visto la luz convirtiéndose, como yo, en grandes demócratas.
Porque he reflexionado largo y tendido sobre el repunte del radicalismo en el panorama político y debo concluir que se equivocan quienes propugnan soluciones no democráticas por muy aciagos que sean los momentos que estemos viviendo. Y lo digo porque lo de los tanques es un error.
En primer lugar son diesel y sin etiqueta ecológica, así que me cuenten cómo van a llegar al Congreso de los Diputados o a sofocar la rebelión en las instituciones catalanas cuando en el centro de Madrid y Barcelona está prohibido que circulen vehículos contaminantes.
Además, de poder entrar en las zonas urbanas, un tanque ocupa una barbaridad y seguro que los de la ORA les harían pagar, por lo menos, por dos plazas de aparcamiento. Sin contar con que los soldados tendrían que llevar monedas sueltas o tarjeta de crédito y a ver luego, si fracasa la iniciativa para liberar la patria, quién le pasa el ticket al Gobierno legítimo.
Eso es porque los radicales se ofuscan con las pasiones y se saltan los aspectos tácticos y estratégicos del golpismo bananero clásico.
Otra cosa es que apostaran por los drones esos que usan los americanos para darle matarile a cualquiera al que no le guste el Big Mac. Están como más de moda, muchos funcionan con motor eléctrico por lo que son ecológicos y pueden volar sobre el centro de las ciudades. Apenas hacen ruido, disminuyendo la molesta contaminación acústica que provocan los blindados tradicionales.
Además, llevan bombas enormes y hasta se les puede colocar un depósito para que lancen octavillas de empresas de reformas para que el consumidor cuente con opciones a la hora de reconstruir los destrozos. Sería una forma de esponsorizar el golpe, como dicen los de marqueting.
Y los drones tienen otra cosa buena, que de triunfar la asonada, luego se lo puedes regalar al nene por los Reyes Magos, que esos juguetes electrónicos les encantan a los críos de ahora.
¡Ah!, y con las cámaras supermodernas que llevan se puede vender la emisión a las cadenas de TV y convertir el golpismo en una actividad lucrativa. Y lo mejor es que, como Hacienda no lo contempla como actividad profesional, está libre de impuestos.
La verdad es que, a veces, mi brillantez me sorprende. Qué gran golpista se ha perdido este país.
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