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El nuevo mundo

Milton

Miércoles, 06 de Noviembre de 2019

No son pocos los que conocen mi gallardía y arrojo, herencia genética sin duda de proceder de linaje de conquistadores y aventureros que hicieron grande el imperio allende los mares al grito de “Por Castilla, por León y por las barras de Aragón”.

Es cierto que, en aquella época, era casi lo mismo que decir lo de “mariquita el último”, pero lo cierto es que, ahora que he emprendido una nueva gesta conquistadora abandonando la comodidad de la Golden Mile para aventurarme a habitar en los recónditos barrios de Marbella, me siento imbuido del espíritu de Cortés y Pizarro.

Nada más instalarme en mi nueva morada, que por su ínfimo tamaño parece un laboratorio de Ikea, sentí que un nuevo y excitante capítulo de mi vida comenzaba. Y así fue.

El primer día que salí de mi refugio para reconocer los alrededores me topé con los primeros nativos que, aún sorprendidos por mi armadura, yelmo y estandarte de los Reyes Católicos, no parecieron ni asustados ni peligrosos.

Como siempre hago cuando trato con poblaciones indígenas, les ofrecí cuentas y abalorios. Ellos me correspondieron mostrándome un amplio elenco de bolsos falsificados de conocidas marcas de moda y también quisieron agasajarme ofreciéndome un Rolex de oro macizo por solo 20 euros. Sin duda me encontraba ante otra tribu autóctona que terminará siendo víctima del abuso de mercaderes de ultramar, como sucedió en las Américas.

Y ya con el crepúsculo, en esta primera jornada de mi periplo aventurero, procedí a clavar el estandarte en esta tierra ignota y así tomar posesión de la misma en nombre de la Corona de España. Todo ello entre la algarabía y regocijo de los nativos que aplaudían y me hacían fotos con sus teléfonos móviles, mientras comentaban que los políticos ya no saben qué inventar para que les votes el próximo domingo.

Creo que, una vez sometidos por el frío acero aquellos insurrectos que pudieran estar tentados a rebelarse, me nombraré virrey del barrio, y de sus bares, cantinas y tabernas. En nombre de la Corona, por supuesto.


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