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La aspiradora

Milton

Jueves, 17 de Enero de 2019

No les he contado que esta Navidad he tenido la tentación de regalarme un robot aspirador pero, al final, mi experiencia pasada y mi sentido de la responsabilidad me han obligado a renunciar a otra de mis ilusiones.

Porque hace algunos años ya tuve una de estas aspiradoras autónomas, que me costó casi 300 euros. Desde el primer día noté que ella era muy en plan Puerto Banús: voluptuosa, cara y a su aire. Hasta que un día me levanté y ya no estaba. Para mí que se fue con otro, que eso en Banús me ha pasado.

Sin embargo, los modelos actuales no son como los de antes. Ahora tienen inteligencia artificial y la robótica ha avanzado un montón. Lo que no quita que, al igual que con las personas, te pueda caer un robot cabroncete o uno buena gente.

Porque a mí me hacía ilusión uno de esos que, además de corretear alegremente por la casa, te traen el periódico y van solos al parque canino a hacer sus cositas. Aunque ese modelo me daba un poco de reparo porque lleva el software para que se le suelte la tripita y como el algoritmo no sea de los buenos, le da en de pronto una diarrea y te pone la casa hecha unos zorros.

Y no piensen que esta es cuestión baladí porque un conocido me comentó que, por aquello de ahorrar, se compró el robot aspirador en un chino por solo 12,55 euros y cuando lo encendió en casa, se abrió la tapa superior y salieron un puñao chinos con escobas a barrer. Eficaces y trabajadores, pero ni uno con pasaporte.

Aunque peor fue el caso de otro amigo que, al llegar a casa, sorprendió al aspirador con la termomix en el dormitorio.

De todos modos, dicho sea de paso, a las termomix siempre les pasa igual, que algún día les contaré lo que me hizo la que yo tenía. La muy zorra.


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