Les digo una cosa, cada vez que llega el primero de mayo, Día internacional del Trabajo, no puedo evitar emocionarme al rememorar los logros alcanzados a lo largo de la historia por la lucha obrera.
Para muchos esta fecha es solo una excusa para irse de puente. Los que no estuvieron en las barricadas jamás podrán entender lo que rememoramos cada 1 de mayo. A mí también me pasaba, pero lo he mirado en la Wikipedia.
De no haber sido por todos esos años de lucha reivindicativa en defensa de los derechos inalienables del proletariado, hoy no disfrutaríamos de ese amplio elenco de contratos laborales que nos permite trabajar en régimen de semiesclavitud ganando una miseria. Ni se le podría ofrecer a la gente la oportunidad de cobrar media jornada y currar una y media.
Y qué me dicen de la juventud. Ha sido la lucha de clases la que hoy permite a los jóvenes trabajar por sueldos ridículos que les impiden abandonar las casas de sus padres, lo que fomenta la vida familiar, que es muy bonita. También han sido los logros históricos de proletariado los que han facilitado que nuestros universitarios, tras acabar la carrera, el doctorado y el master, se vayan a Europa a trabajar de camareros o de canguros.
Inenarrables los logros en beneficio también de la tercera edad, a los que la incertidumbre de no saber si van a cobrar sus pensiones les anima a mantenerse activos. ¿No hemos dicho siempre que los jubilados se aburren porque no tienen nada que hacer? Pues ahora ya pueden dedicarse a manifestarse contra el Gobierno y reincorporarse al más nacional de los deportes nacionales, que no es el fútbol, sino la congoja por la incertidumbre del qué pasará mañana.
Todo eso manteniendo el derecho a los 15 minutos a media mañana para el bocata de mortadela. Que se dice pronto.
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