Y me decía el médico que eso no era nada, que los síntomas de cansancio que vengo arrastrando desde hace unos días, la apatía, flojera crónica y perenne inactividad eran solo el cuadro patológico normal de cualquier holgazán.
Pues se equivocaba, que he leído en internet que padezco astenia primaveral. Es cierto que los médicos dicen que eso no es una enfermedad, pero en la reputada web www.santonescubanos.com aseguran que por solo 20 euros te examinan y te la diagnostican de modo indubitado, y tienen pago por Paypal.
Los primeros síntomas los experimenté cuando al ir a recoger el correo me dieron los temblores y empecé a escuchar voces de ultratumba que procedían del buzón que decían “¡libéranos, libéranos! ¡Páganos y déjanos ir hacia la luz!”. Eran las facturas, no había duda, y lo de la luz era cosa de Endesa, para incentivar el consumo.
Aunque esto yo sabía que, tarde o temprano, iba a pasar porque lo de meter todas las facturas en el mismo buzón es una mala idea; allí se conocen y se alían contra uno.
El siguiente síntoma lo percibí poco después en el Paseo Marítimo. Fue durante un soleado día, cuando me crucé con una voluptuosa joven ataviada con un diminuto bikini. Me entraron sudores, que para mí que era fiebre, y la cabeza me hizo lo mismo que a la niña del Exorcista. Además, tuve pensamientos impuros, que yo antes solo pensaba cosas guarrunas, como todo el mundo, pero ahora eran impuros, señal de que hay que cambiar el filtro.
Después de la fiebre, la sed, y cervecilla va, cervecilla viene en el chiringuito; que si ahora un jumilla tinto que con la caló entra estupendamente. En fin, lo normal. Pues me dieron mareos.
El camarero dijo que podía ser por la media docena de chupitos de orujo a pleno sol que me tomé para bajar las aceitunas, pero en realidad fue una caída de 110 a 90 mmHg de presión sistólica provocada sin duda por la astenia. En esta ciudad tiras un palo al aire y le cae en la cabeza a un camarero enterao.
Pero lo peor es por las noches, cuando se me nubla la vista y, por mucho que enfoco con los prismáticos, las cortinas de la vecina de enfrente me impiden ver con claridad.
Y eso que días antes, a gritos de un edificio a otro, le pedí que dejara la luz del dormitorio encendida porque estaba enfermo. Pues me contestó que era obvio, me hizo un corte de mangas y echó la cortina.
Lo de obvio lo dijo porque me vio cara de asténico primaveral. Seguro.
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