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Lo bueno de la "ley trans"

Milton

Lunes, 28 de Junio de 2021

La gente está muy escandalizada con lo de la "ley trans" que va a aprobar el Consejo de Ministros esta semana, solo por eso de que uno puede cambiarse el nombre y el sexo en el Registro Civil, cuando en realidad esta posibilidad ofrece infinitas posibilidades de ser uno mismo, o mejor, otro.

Porque cuando mi musa, la ministra Irene Montero, explicó que uno podía cambiarse el DNI con tanta facilidad como el que se cambia de gayumbos -sí, al parecer hay que cambiarlos de cuando en cuando-, yo supe que quería llamarme Hermenegilda Torrejosa, como aquella novia a la que siempre quise legar toda mi fortuna, la hipoteca, las facturas de luz, agua, las deudas de las tarjetas de crédito, el pago del alquiler y el del seguro a todo riesgo del coche que no tengo. Todo para que no se olvidara de mí, ni de mis muertos.

La verdad es que yo creo que siempre he querido salir del armario. Y una vez hasta lo intenté para ver qué se sentía. Me metí en el armario vestido como Dios me trajo al mundo y, en de pronto, le di un manotazo a la puerta olvidando que mi armario era de puerta corredera. Entonces, cuando me disponía a gritar lo de “soy Hermenegilda, viva el Betis”, la puerta retornó violentamente a su posición original y me cogió por la zona íntima.

Un dolor horrible pero, cuando me recuperé, aún con las lágrimas corriendo sobre mis mejillas, supe que me había equivocado. Yo no quería ser Hermenegilda, arpía infiel. Yo quería ser Isabel Pantoja y Rociíto a la vez. Y contar en algún programa cutre de la tele lo dura que había sido mi vida por negarme a aceptarme a mí mismo, y cómo la sociedad me ha marginado a pesar de tener derecho a alguna subvención por lo que sea.

Es que, aunque les cueste creerlo, en mi interior siempre ha latido el corazón de una tonallidera. Además, Irene y yo podemos ser felices a pesar de los niños, Pablo, los guaridas civiles de la puerta del chalé y el perro.

Nos queda que hablemos lo de limpiar la casa, cocinar, hacer la compra, incluyendo las cervecillas, poner la lavadora, planchar y llevar a los nenes al cole, porque con el rollo ese de ministra no parece que le pueda quedar mucho tiempo para cumplir sus obligaciones familiares.

Y una cosa es que yo me sienta trans subvencionable, pero las cosas hay que hacerlas como Dios manda. Y el próximo armario, nada de Ikea, uno con las puertas de toda la vida.


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