He pasado por delante de un banco y me he encontrado con un cartel que publicitaba la banca amiga, un poco más adelante, en otra sucursal, te invitaban a entrar asegurando que saben escuchar al cliente. Ya es que no hay respeto por nada.
Les digo una cosa, como sigamos así, pervirtiendo el orden natural de las cosas, nos cargamos el planeta.
Menos mal que Abarca y Devora Ltd. Bank se mantiene fiel a la causa de esquilmar a sus clientes, que si los demás bancos se ponen en plan de coleguita de buen rollo, que si cero comisiones, que si somos tu amigo y tal, el mío te envía a un interventor a casa a vivir contigo. La campaña se llama “Si ellos son la banca amiga, nosotros tu pareja”.
Como se lo digo, que hace poco llamaron a la puerta y allí estaba el bueno de Juan José, con su traje gris perla barato, corbata de mercadillo y maletín de LV (¡La Virgen!) made in Senegal imitando a piel.
Pues mi banco dice que como aún me queda hipoteca por pagar, la casa es de los dos y, como cualquier matrimonio en régimen de gananciales, ambos cónyuges tenemos el derecho y el deber de compartirla.
Al principio choca un poco eso de tener a un señor del banco en casa, pero luego uno se acostumbra y le pasa como a las mascotas, que les pillas cariño.
Además te lleva las cuentas estupendamente y hasta te trata con cariño cuando llevas todos los pagos al día, pero si te quedas en descubierto se pone de morros y ya ni te habla ni nada.
Y como te devuelvan algún recibo de la hipoteca te monta el pollo: que si cómo me haces esto, que todo el día hecho una esclavo limpiando y fregando para que tú te lo gastes en cerveza, que si soy un egoísta y no le respeto ni a él ni al banco.
En fin, aquí los casados tienen ventaja porque cuando ellas se ponen así, agachan las orejas y al día siguiente aparecen con unas flores. Pero si yo hago eso mi Juan José me monta otro follón por tirar de la tarjeta de crédito, me da collejas recordándome lo que estoy pagando en comisiones y me pregunta si es que no pienso en los niños. Pero si no tenemos niños.
Es entonces cuando echa a llorar, me dice que no hace falta que sea tan cruel recordándoselo constantemente y me amenaza con irse a casa de su madre.
Difícil resulta a veces la vida en pareja.
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