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Por Fin

Fake news

Milton

Lunes, 25 de Febrero de 2019

Me han hackeado el correo electrónico. Empecé a sospechar al recibir diariamente decenas de correos en los que me hacían interesantes ofertas para adquirir Biagra; una hasta te permitía participar en el sorteo de una entrada a Disneyland París si comprabas 18 kilos de pastillas.

De cualquier forma intuí rápidamente que se trataba de la misma empresa china que fabricaba los bolsos de Bersace; esos que venden los senegaleses en el Paseo Marítimo. Porque ya saben, lo que pasa con los teclados de los ordenadores: se te estropea la “V” y le montas un estropicio a la Real Academia de la Lengua.

Evidentemente, como yo soy un machote y no necesito nada de nada, supe que se trataba de la típica campaña de desprestigio en la red. Probablemente promovida por María Vanessa, arpía indiscreta. Lo injusta que es la fama: uno tiene un mal día, la tensión, el estrés, el juicio al Procés y lo de que no te nominen a los Oscars y ya, porque un día maté a un perro, me llaman mataperros.

Aun así, no mermó mi autoestima, lo que puedan decir en internet no afecta cuando uno está seguro de sí mismo. Donald Trump y yo sabemos lo que es ser víctimas de las fake news.

De hecho, los infundios y falsedades maquinadas contra mi persona que pretendían mancillar mi honor jamás surtieron efecto y hasta el fabricante de las pastillas, “Bandera a Media Asta Ltd. Company”, se ha ofrecido a esponsorizarme, e incluso me pondría a un community manager para encargarse de mis redes sociales.

Pero que quede claro que eso no significa lo que están pensando, que ahí están los de la Fórmula 1, con las escuderías esas de Rothmans o de Marlboro y eso no significa que los pilotos fumen.

Bueno, a lo mejor un pitillito de vez en cuando, pero ya está.


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