Un ciudadano envía un mail en el que pide a todos los vecinos “un poco de sentido común ante la irracional devoción que ahora despiertan los animales domésticos. Y si lo del sentido común no es posible, al menos pido la educación suficiente para limpiar lo que ensucien su perros en la calle, o bien propongo que hagan sus necesidades en las casas de sus dueños. Al fin y al cabo los humanos no salimos a la calle con ese objetivo, utilizamos nuestros cuartos de baño.
Ahora que mucha gente trata a sus mascotas mejor que a sus hijos y que incluso las consideran uno más de la familia, lo lógico es que el animal utilice el mismo cuarto de baño que la familia. O cuando menos que, en vez de llevarse su perrito a hacer sus necesidades a la puerta del vecino, que las haga en la puerta de su propia casa.
Lo de llevarlo a parques y otras zonas verdes solo ha servido para que esos espacios, que debían ser para disfrute de ciudadanos, se conviertan en cagaderos insalubres en los que pocos padres permitirían jugar a sus hijos.
Quiero dejar claro que me encantan los perros pero no dispongo de una casa con el espacio suficiente como para que un perro tenga una existencia digna, ni llevo una vida que me permita asumir esa responsabilidad. Siempre me he negado a condenar a un animal a una cadena perpetua de encierro en un piso de 60m2 o menos con derecho únicamente a media hora de paseo diario por el patio de la prisión”, concluye.