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El hielo marino del Ártico alcanza su mínimo anual de 2026: La NASA confirma una nueva señal del cambio climático

Ciencia y Tecnología

Sábado, 26 de Septiembre de 2026

El hielo marino del Ártico alcanzó su extensión mínima anual el 12 de septiembre de 2026, cuando su superficie se redujo a aproximadamente 4,6 millones de kilómetros cuadrados.

Los datos, publicados por la NASA y el Centro Nacional de Datos sobre Nieve y Hielo (NSIDC) de Estados Unidos, sitúan este mínimo entre los diez más bajos registrados desde que comenzaron las observaciones continuas por satélite, a finales de 1978.

La extensión registrada este año iguala las cifras e 2008, 2010 y 2025, compartiendo el décimo puesto entre los mínimos más reducidos de toda la serie histórica. Aunque las condiciones meteorológicas han moderado el deshielo durante los últimos veranos, la situación del Ártico continúa siendo muy diferente a la observada hace varias décadas.

El Ártico Registra Uno de sus Diez Mínimos Más Bajos

Cada año, el hielo marino del Ártico experimenta un ciclo natural de crecimiento y retroceso. Durante los meses más fríos y oscuros del otoño y el invierno, las bajas temperaturas favorecen la formación de hielo sobre el océano. Con la llegada de la primavera y el verano, el aumento de las temperaturas provoca su progresivo deshielo.

Generalmente, la extensión mínima se alcanza en septiembre, antes de que el descenso de las temperaturas permita que el hielo comience a recuperarse.

En 2026, ese momento llegó el 12 de septiembre, cuando la superficie helada se redujo hasta los 4,6 millones de kilómetros cuadrados.

Sin embargo, el dato más significativo no corresponde únicamente a este año. Los 20 mínimos anuales más bajos de toda la serie de observaciones por satélite se han producido consecutivamente entre 2007 y 2026, una tendencia que refleja los profundos cambios experimentados por el océano Ártico durante las últimas décadas.

¿Por qué se ha estabilizado el deshielo en los últimos años?

Uno de los aspectos más interesantes de las observaciones recientes es que la extensión mínima del hielo marino del Ártico ha mostrado cierta estabilidad durante los últimos años, aunque continúa muy por debajo de los niveles registrados al comienzo de las mediciones.

Los científicos señalan que las condiciones meteorológicas desempeñan un papel fundamental en las variaciones anuales del deshielo.

Linette Boisvert, investigadora especializada en hielo marino del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, explica que el aumento de la nubosidad durante los últimos veranos ha contribuido a reducir la cantidad de radiación solar que alcanza la superficie del océano.

Esta mayor cobertura nubosa ha limitado el calentamiento adicional y, en consecuencia, ha frenado parte del deshielo que podría haberse producido.

No obstante, esta estabilización reciente no significa que el hielo marino se haya recuperado. Walt Meier, investigador del NSIDC, destaca que la extensión continúa siendo considerablemente inferior a la registrada durante las primeras décadas de observaciones.

Los datos de la NASA indican que la extensión mínima del hielo marino ártico presenta una tendencia descendente de aproximadamente un 12,2 % por década.

La Antártida también experimenta cambios inusuales

Mientras el Ártico alcanza su extensión mínima anual, en el extremo opuesto del planeta el hielo marino de la Antártida se aproxima a su máximo estacional, que generalmente se produce entre finales de septiembre y principios de octubre.

Sin embargo, este año los científicos han observado un comportamiento especialmente llamativo.

Durante agosto, la extensión del hielo marino antártico disminuyó aproximadamente 300.000 kilómetros cuadrados en tan solo seis días, antes de reanudar su crecimiento estacional.

Los investigadores consideran que esta reducción estuvo relacionada con las condiciones meteorológicas, que desplazaron y compactaron el hielo delgado y móvil situado en los límites exteriores de la superficie helada.

Aunque estas fluctuaciones son relativamente habituales, la magnitud de la reducción registrada en agosto resultó inusual.

A diferencia del Ártico, que está rodeado por grandes masas continentales, la Antártida está rodeada por océanos abiertos. Esta característica permite que su hielo marino responda con mayor libertad a los cambios en los vientos y las condiciones meteorológicas.

Por este motivo, las variaciones de un año a otro son mucho más pronunciadas en el hemisferio sur, lo que dificulta establecer tendencias a largo plazo a partir de periodos relativamente cortos.

Casi medio siglo vigilando el hielo desde el espacio

Los satélites han permitido a los científicos estudiar la evolución del hielo marino polar durante casi cinco décadas, proporcionando información fundamental para comprender los cambios que experimenta el clima terrestre.

Las observaciones continuas comenzaron a finales de 1978 con el satélite Nimbus-7 de la NASA. Posteriormente, diferentes instrumentos instalados en satélites meteorológicos y misiones científicas han permitido mantener una serie histórica prácticamente ininterrumpida.

Actualmente, los investigadores continúan utilizando las mediciones del instrumento AMSR2, lanzado en 2012 a bordo del satélite japonés GCOM-W.

Estos instrumentos permiten observar las regiones polares incluso durante la oscuridad del invierno y bajo condiciones de nubosidad, ofreciendo una perspectiva global imposible de obtener únicamente mediante observaciones desde la superficie.

Gracias a estas mediciones, los científicos pueden comparar la extensión del hielo de cada temporada con los registros históricos, identificar tendencias y estudiar la influencia de las condiciones atmosféricas y oceánicas.

¿Qué significa el mínimo de 2026 para el cambio climático?

El mínimo de hielo marino registrado en septiembre de 2026 confirma que el Ártico continúa presentando una extensión helada considerablemente inferior a la observada durante las primeras décadas de la era satelital.

Aunque las condiciones meteorológicas pueden favorecer temporalmente una mayor conservación del hielo, las observaciones a largo plazo muestran una reducción persistente de su extensión estival.

Esta pérdida tiene importantes consecuencias para el sistema climático terrestre. El hielo marino refleja gran parte de la radiación solar que recibe, mientras que el océano descubierto absorbe una proporción mucho mayor de esa energía. Por tanto, la reducción de la superficie helada favorece un mayor calentamiento del agua, un fenómeno conocido como retroalimentación hielo-albedo.

Los científicos continuarán vigilando la evolución de ambos polos durante los próximos meses. En particular, la NASA y el NSIDC anunciarán el máximo anual del hielo marino antártico una vez que se confirme que ha finalizado su periodo de crecimiento estacional.

Los datos de 2026 recuerdan que, aunque el deshielo del Ártico puede variar considerablemente de un año a otro, las observaciones de las últimas décadas siguen mostrando una transformación profunda de una de las regiones más sensibles al calentamiento global de nuestro planeta.