Opinión

No fuimos los borregos

Siempre he tenido claro que para nuestra clase política, nosotros, la opinión pública, conformada por la generalidad de la ciudadanía, no somos más que un rebaño de borregos a los que se pastorea en una u otra dirección siembre en beneficio del pastor. Lo que me sorprende es que tan poca gente se dé cuenta y, sobre todo, que el pastor no tenga ni puñetera idea de lo que quiere.

La caótica gestión de la pandemia por parte de todas, repito, todas las administraciones públicas, es un ejemplo de libro de una de las leyes de Peters, concretamente de esa que ya he mencionado en alguna ocasión que dice que “un hombre de segunda en un puesto de primera tiene ideas de uno de tercera”.

Me sorprende que no se produzca ruido de sables entre la sociedad ante unos representantes políticos, nacionales, autonómicos y locales, que insisten en culpar al ciudadano de su propia estupidez.

No fuimos los borregos los que pedimos una manga más ancha en verano o en la campaña de Navidad para intentar paliar en algo la inevitable ruina económica que ya padecemos. No fuimos los borregos los que determinamos a qué restricciones había que someterse obedientemente, ni la hora a la que había que encerrarse en el establo, ni cuántos podíamos reunirnos en una u otra fecha.

Fueron las autoridades públicas, las mismas que ahora insisten en culparnos de su ineptitud, las que determinaron qué pautas debíamos seguir.

Y aún hoy se permiten salir un cretino tras otro en la tele señalándonos con el dedo porque nos lo pasamos demasiado bien en verano o en Navidad, a pesar de que fueron ellos los que decidieron cómo debíamos pasarlo.

Incluso ahora, en medio de esta tercera pandemia bíblica que estos profetas cutres a los que tenemos la mala costumbre de votar insisten en recordarnos a cada momento, veo a todas las administraciones, de nuevo, locales, autonómicas y a la nacional, hablando de campañas turísticas de promoción, de “posicionar el destino”, de gilipolleces sobre los “corredores sanitarios” y sobre lo del “destino turístico seguro”.

¿Nos hemos vuelto locos o tal vez los borregos somos tan estúpidos como parecemos?

No existen destinos seguros, con o sin PCRs. Lo corredores aéreos esos que se han inventado para ir a Canarias son, como demuestra el índice de contagios, una chorrada y lo de "promocionar el destino turístico" cuando nuestros representantes se han convertido en inquisidores que se pasan el día recordándonos que coartan nuestras libertades para purificarnos por nuestros pecados, son solo las pruebas de que una de las grandes virtudes que tenemos los españoles es la de elegir a incompetentes para gobernarnos.

Cómo es posible que a estas alturas no asumamos que movilidad es aumentar los contagios, que la economía y la seguridad sanitaria, ahora mismo, son incompatibles. Lo dije al principio de la pandemia: o pobres o muertos. Las dos cosas no pueden ser.

Entiendo, sin embargo, lo de crear entre la población de forma premeditada un estado de alarma psicológico para empujarnos a vacunarnos "voluntariamente", pero me parecen tan inútiles las "estrategias" para reactivar uno u otro sector económico por parte de los mismos que han decidido hundirlos, que me pregunto si no estamos también gobernados por borregos tan estúpidos como los que formamos el rebaño.


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