Opinión

"¡Dios lo quiere!"

Imagen de combates entre milicias libias.

Ayer fracasaba en Moscú el intento protagonizado por Rusia y Turquía para que los dos bandos principales que se enfrentan en Libia acordaran una tregua que permita un respiro a ese nuevo Estado fallido creado por la irresponsabilidad occidental.

No es ni la primera ni la segunda vez que desde este mismo espacio he advertido del riesgo que supone la falta de sentido común, la ineptitud o la indecencia de nuestros políticos a la hora de embarcarse en nuevas cruzadas para reconquistar Jerusalén a los infieles.

Porque el planteamiento no ha variado desde que en el siglo XI descubriéramos el gustillo que da matar a gente que no cree en el dios que tu quieres, y si por entonces cortábamos cabezas en Tierra Santa al grito de “¡Dios lo quiere!”, ahora lo hacemos en nombre de la democracia, la libertad, la igualdad y de sandeces semejantes.

Nuestros cruzados hoy no combaten en Siria, Irak, Afganistán o Libia por extender la democracia sino por imponerla, lo quiera el vencido o no. Pero, al igual que aquellos que asediaran los muros de Jerusalén, nosotros también nos aburrimos de las aventuras bélicas y pasamos en poco tiempo de lanzar nuestras huestes sobre un país para derrocar a su tirano, a abandonar el lugar tan pronto hemos logrado asesinar al despotilla de turno, dejando un apetecible vacío de poder que es ocupado por un montón de tiranos armados que empiezan a matarse entre ellos para asegurarse la supervivencia.

Los occidentales hemos logrado hacer evolucionar el refrán de “muerto el perro se acabó la rabia” para llegar a “muerto el perro, os dejamos una jauría y nos quitamos de en medio”. El caso libio no es excepcional sino solo uno más en el que acabamos a tiros con el orden que, mal o bien, suponía Gaddafi, para sustituirlo por un abierto caos.

Hemos convertido el país en un territorio sin ley con un subsuelo rico en petróleo y gas en el que los mismos cruzados que acudimos a su liberación, ejercemos ahora nuestras influencias en favor de una u otra milicia para lograr la mayor tajada posible en recursos naturales mientras la población sigue desangrándose.

Si esta es la democracia que exportamos, si es verdad que “¡Dios lo quiere!”, estamos otra vez venerando a un falso ídolo.


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