Milton

En la pira de la libertad

Puesto que los no vacunados estamos disfrutando de los últimos días de libertad en un Estado de Derecho democrático antes de ser subyugados por la opresión del poder, me permito sugerir a los pocos que formamos este baluarte un plan para sucumbir con grandeza, si no lo hace antes el virus y nos da matarile claro está.

En primer lugar debo aclarar que no soy un negacionista. Negacionista es José Luis Sabina que lo niega todo en una de sus canciones. O Elsa Pataky, que sigue negando lo nuestro ante los medios de comunicación. También los camareros de los locales donde me tomo las cervecillas, que se niegan a bajarme el precio de la caña. Estos son los peores, negacionistas todos. Malditos.

Por mi parte, solo soy negacionista ante un juez, siempre por recomendación de mi abogado.

Pero lo de la vacuna del COVID es por la experiencia de mi niñez, cuando venían a vacunarnos al cole y te pinchaban en el culete. De mi clase hubo varios que, al hacerse mayores, se pasaron al lado oscuro y se pusieron María Vanessa o Jessica. Y para mí que fue por lo de clavarles cosas en el trasero, porque lo cierto es que hay mucha gente que sale del armario, pero nadie vuelve a entrar y eso será por algo, digo yo. Pues para mí que ha sido por las vacunas.

Es cierto que un conocido me ha explicado que él se ha vacunado con las dos dosis y que se las han puesto en el brazo, y asegura que dentro de poco volverá a que le pongan la tercera. Evidentemente no se da cuenta de que la cabra tira al monte. Viciosillo.

Por todo ello, antes de que las fuerzas represoras nos obliguen a vacunarnos so pena de prohibirnos la entrada a los bares -única razón lógica para vacunarse por cierto-, propongo a todos los dispuestos a inmolarnos en la pira de la libertad, que nos manifestemos provistos únicamente con nuestras elegantes gabardinas Burberry, calzado de fino tafilete italiano con calcetines ejecutivo a juego, de seda en tonos burdeos o borgoña preferiblemente, y enseñemos nuestras vergüenzas a las damas en concurridos lugares públicos para que, cuando nos confinen contra nuestra voluntad, sean conscientes de lo que se pierden.

Demostraremos que no solo la arruga es bella, la calvicie precoz y la barriguilla cervecera, también.

Ahora bien, todos con mascarilla y manteniendo la distancia de seguridad.

Ni lo del Álamo fue tan heroico.


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