Milton

El último grito

Pues tras insinuarme varios conocidos que no me vendría mal lo de renovar mi vestuario, empecé a pensar que, tal vez, mi tradicional look de rancio hidalgo castellano de la corte de Felipe II, con el toque fashion de mi abandonada barba de atormentado poeta ruso en el exilio, podía estar pasando de moda.

Por esa razón, me embarqué en la siempre inquietante misión de pertrecharme con ropajes más acordes a estos tiempos. Trasladándome con mi habitual gallardía a un centro comercial de la ciudad, entré sin dudarlo, con prudencia pero sin miedo, en una de esas modernas tiendas de ropa donde parece que solo se visten los jugadores de fútbol.

Le pedí a la dependienta unos pantalones adecuados a mi edad ya que, ni tengo veinte años ni juego al fútbol. Me dio unos asegurándome que eran el último grito en moda.

Y comprobé en el probador que era verdad. Aunque al principio cuesta ponérselos porque resultan un tanto estrechos, una vez has logrado colocártelos hasta las canillas, ejerciendo la fuerza adecuada y tirando de ellos con decisión hacia arriba, entran con un guante de cirujano, ejerciendo las partes íntimas como airbags que detienen el ascenso. Bruscamente eso sí.

Es entonces, al adquirir la piel de la cara un tono amoratado, cuando entiendes por qué son el último grito. Tras el aplastamiento ya no saldrá otro masculino alarido de dolor de tu garganta, pero si podrás reproducir los falsetes de un castrati en cualquier ópera que se precie.

¿Recuerdan aquello que decían nuestros mayores de que en esta casa es el hombre el que lleva los pantalones? Pues ya lo pueden ir olvidando.

Salí del probador con esos andares que me catalogaban entre el maestro Chiquito y el bueno de Joe Biden. Con su habitual amabilidad, la dependienta me preguntó qué tal me quedaban los pantalones. Bien, le dije, ¿los tienes para hombre?

Ella me explicó que el concepto de la moda igualitaria ya no discrimina por género, solo por pasta, y que, una vez los hubiera usado unas cuantas veces, el tejido se adaptaría a mi cuerpo.

Visto así la cosa era diferente. Probablemente en una semana con mis nuevos pantalones volveré al mundo del espectáculo, seré la tonadillera del momento y, en poco más de un mes, seguro que tengo listo mi primer LP; con temas íntimos, menos comercial, más yo como artista, ya saben.

Lo siento por Isabel Pantoja y María del Monte. Estáis perdidas.


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