Milton

Por listo

La vida es así, donde las dan, las toman, y se acabó eso de que nuestro Pedro Sánchez persiga a Joe Biden por los pasillos, como sucedió durante la cumbre de la OTAN el pasado junio, a ver si le colocaba un bolso de los senegaleses. Las cosas han cambiado, ya casi nos hemos creído que hemos dejado la pandemia atrás y la venta de bolsos falsos se ha reactivado. Bértelo pensao antes Joe.

Y ahí tenemos que en el G20 celebrado este fin de semana en Roma, ha sido el presidente de los Estados Unidos el que ha ido a buscar al nuestro, que sigue siendo Pedro Sánchez, y gracias a que sé leer los labios, ahora puedo repetirles textualmente su conversación.

Llega Joe, le sujeta suavemente del brazo y le dice “Peter, mushasho, ¿te acuerdas cuándo en la cumbre de la OTAN ibas por los pasillos dándome el coñazo con lo del bolso falso de Vuitton a 20 euros para mi primera dama?”.

Y Pedro, que se acuerda de los números porque es economista con doctorado Cifuentes, también sujeta del brazo a Joe, aunque este con ánimo de retorcérselo, y le responde que de eso nada, que el precio eran 30, pero que se podía hablar si le pone un quiosco de chuches en la puerta de la base de Rota para su amigo José Luis Ábalos, que no sabe qué hacer con él.

Joe medita unos segundos, por unos momentos creo que está dando una cabezadita al estilo de la que dio horas después en la inauguración de la COP26 de Glasgow. Pero no, supongo que el Servicio Secreto le está informando a través del auricular semioculto que lleva en la oreja sobre la cotización real de los bolsos falsos de los senegaleses para asegurarse de que Peter no le pega un palo en plan tourist guiri.

Con su habilidad negociadora, Peter aprovecha el lapsus para asegurarle que cinco eurillos puede bajarle y, además, le da su palabra de que los suyos son de los bolsos buenos, algunos incluso sin faltas de ortografía. No como esos que venden en los que puede leerse  "Luisito Buiton" o "Jorge Harmani".

Joe duda. Le pregunta si la primera dama podría asistir a un acto institucional tipo inauguración de la temporada en la bolsa de Wall Street sin que el bolso despertara sospechas de ser más falso que una moneda de tres euros.

Peter le responde que no trabaja con bolsas de esa marca, que Wall Street es un diseñador sobrevalorado, nada fashion y él solo trabaja con los mejores.

Joe decide que va a ser que no. Sabe que su secretario de Estado, Antony Blinken, que se ha reunido con el ministro de Exteriores chino, tenía órdenes concretas de exigirle una prueba de buena fe negociadora y que le valía con un bolso falso.

Entonces Pedro, que ve que se le escapa el trato, le dice que si no le hace lo del bolso, entonces un Rolex de oro y diamantes, y con despertador, casi auténtico. Y por solo 25 euros.

Pero Joe dice que no quiere reloj y se acabó la conversación.

Horas después, cuando Biden dio la cabezadita durante la inauguración de la cumbre del clima en Glasgow, Pedro Sánchez saboreó su triunfo y, desde su asiento, pensó: "Si me hubieras comprado el Rolex con despertador no te habría pasado, so listo".

Lo sé porque yo pensé lo mismo cuando lo vi en la tele.


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