Milton

El "hombre del saco"

Como saben mis cientos de miles, tal vez millones, de lectores, yo soy un gran demócrata y por ello me preocupan sobremanera los casos de discriminación, de personajes históricos injustamente tratados en base al principio de que “por una vez que maté a un perro me llaman Mataperros”. Por ello reivindico hoy a aquellas figuras denostadas por el populismo cultural, como al “hombre del saco”.

Y alzo hoy mi pluma en su defensa. Un momento, me refiero a mi pluma como sabio escritor y no como el otro tipo de pluma, que en estos días hay que aclararlo todo. Te descuidas un momento y te llega mi chica ministra, Irene Montero, ofreciéndote una subvención y un puesto en la caravana del orgullo gay.

A lo que íbamos, al igual que le pasó a Jack el destripador, el “hombre del saco” tiene una inmerecida mala fama. Al fin y al cabo, Jack no era más que un tipo ordenado al que le gustaba hacer las cosas por partes, mientras el “hombre del saco”, con el que durante décadas se ha atemorizado a los niños, es solamente resultado de una campaña de marketing negativa.

Si lo piensan, a quién se le iba a ocurrir, tal como están las cosas con la infancia, coger a un niño de otro que se ha portado mal, meterlo en un saco y llevárselo a su gruta. Inviable.

De entrada, teniendo en cuenta que los planes públicos de educación han convertido a la mayoría de los críos en prometedores delincuentes juveniles que se llevan al abogado hasta para ir al quiosco de chuches, el “hombre del saco” necesitaría contratar a un montón de falsos autónomos de Glovo para recoger a tanto enano marrón.

Porque, admitámoslo, actualmente lo de llevarse los niños de otro metidos en un saco no es ningún chollo. Incluso conozco algunos casos de matrimonios que han amenazado a terceros con dejarles los niños en la puerta de sus casas, llamar al timbre y echar a correr. Hasta ofertan, en vez de saco, entregar a los críos con una bolsa reciclable como regalo para hacer la compra en el Mercadona, en plan promoción, ya saben.

A decir verdad, el "hombre del saco" sería hoy un bendito, un héroe de esos a los que también habría que aplaudir a las ocho de la tarde. Con lo que cuesta escolarizar a esos pequeños arrogantes reivindicadores de derechos, el "hombre del saco" debería estar financiado por el Fondo NextGeneration de la UE.

Después, tras aguantarlos hasta la adolescencia, a pagarles los botellones de fin de semana, los abortos por embarazos sobrevenidos, la penicilina por las enfermedades venéreas, los "petas" con los coleguis y las sesiones de psicólogo argentino por los problemas de autoestima.

Y luego la universidad, entre siete y nueve años financiando estudios destinados a crear otro desempleado que, con suerte, podrá acceder a un empleo basura con infrasueldo. Un chollazo, vamos.

Miren, les digo la verdad, yo sé que "el hombre del saco" pidió la jubilación anticipada hace ya años, justamente cuando se enteró de que la gente empezaba a no ver con buenos ojos lo de encerrar a yihadistas en la prisión de Guantánamo acusados de "por si acaso". Ya ves, con lo bien que habrían crecido allí muchos niños, en el corazón del Caribe, con tres comidas al día y la posibilidad de aprender otros idiomas y una nueva religión.

Para mí al "hombre del saco" le pasa como al "momo", ese con cuyo advenimiento nos amenazaban nuestras madres cuando nos portábamos mal en nuestra niñez, son héroes. Solo se les invocaba para hacerse cargo de los marrones, como a los marines. Qué injusto.


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