Milton

El retorno

Siempre he sido aficionado a los reportajes de National Geographic y no me refiero solo a los que, con magistral documentación gráfica, nos descubren los ritos de apareamiento del rinoceronte blanco, sino también a los de las costumbres migratorias de las diferentes especies.

Por ello, en estos últimos días de ocio estival, vale la pena no perder de vista el proceso de retorno del turista a su hábitat. Desde los ejemplares de guiris resacosus hasta lo de borjamaris comunis, todos ellos inician el ancestral ritual del retorno. Los primeros a sus respectivos lugares de anidamiento allende los mares y, los segundos, a su entorno natural en el mismo Madrid y alrededores.

Observo, no sin cierto pesar, cómo los turistas recogen sus equipos de campaña en las playas, invirtiendo el proceso realizado a principios de agosto cuando, rememorando la gesta de Normandía, clavaron su sombrilla en la arena, abrieron las sillitas, extendieron las tumbonas y toallas, y dispusieron las neveritas con víveres y pertrechos.

Y mientras mamá y los niños se dedicaban a las habituales labores de logística e instalación del campamento, papá se desplazaba al chiringuito donde, una vez descubierta la barra, junto al grifo de cerveza, instalaba el puesto de mando. Jamás en la historia se ha conseguido la conquista de una playa sin contar con estrategia y liderazgo.

También es este el momento en que los ejemplares de exuberantis valkirius veraniegus tendrán que desprenderse de la uniformidad vacacional y devolverle a la "Barbie Veraneante" su diminuto bikini y los mini vaqueros superapretaos que ya solo venden en la sección de embutidos de los supermercados. Admito que este siempre es un momento duro para los que estudiamos a esta especie.

Y todos ellos, al igual que la manada de elefantes errantes de China, formarán largas colas con sus vehículos sobre sendas asfaltadas para demorarse horas y horas en arriesgados periplos en los que, al igual que sucede en la sabana con los leones y las lindas gacelillas, drones, helicópteros y radares diestramente manejados por el brigada Quintanilla y sus intrépidos muchachos, aguardarán agazapados, pendientes de cualquier error, esperando un momento de debilidad de la presa, para lanzarse sobre nuestro ejemplar de boramaris comunis y clavarle los no menos tradicionales 150 euros y tres puntos del carné.

Al igual que Tarzán no puede ignorar la llamada de la jungla, ni yo las ofertas de 2x1 en los bares, ninguna especie puede escapar a su naturaleza.

Recomiendo al lector que ponga ahora la musiquilla de "El Hombre y la Tierra"; pega un montón.


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