Milton

Como José Luis

La verdad es que me siento tan traicionado como José Luis Ábalos, porque yo estaba seguro de que esta vez me tocaba, y que Pedro no me iba a olvidar a la hora de elegir a los nuevos ministros/as/es, pero así es la política. Qué gran vasallo habría sido yo de contar con un buen señor; porque soy de los honrados, de los que solo trincan lo justo y necesario para enriquecerse de forma escandalosa, pero nada más.

Sé que resultaría útil en la cartera de Hacienda, sobre todo en estos momentos, cuando hay que cobrarle más a la gente de porque sí. Para que el pueblo sea consciente de que la democracia es como la libertad, tiene un precio. Y obviamente no puede ser el mismo para todo el mundo, porque lo lógico es que cada uno pague de acuerdo con lo que no pueda ocultar al Fisco. No te compras un piso de 60 metros aquí en mi barrio de las Tierras Altas al mismo precio que en la Golden Mile, no solo porque siempre ha habido clases sino, y sobre todo, por el principio de justicia tributaria que reza “esquilma a los pobres para no molestar a los ricos”.

Imagínenme a mí al frente de Hacienda, sometiendo a waterboarding a los contribuyentes díscolos, o aplicando descargas de alto amperaje en los cataplines para que confiesen sus delitos, los hayan cometido o no.

También habría sido un magnífico ministro de Defensa que, al mando de la Acorazada Brunete, acabo con el problema catalán sin tocar la concordia y el diálogo, como quiere Pedro. Democráticamente, aplicando a todos la misma violencia cruel e injustificada.

Bueno, y si el presi no me hubiera traicionado y me hubiera puesto al frente del Ministerio de Cultura y Deporte, el table dance, el streapdance y los concursos de camisetas mojadas serían disciplinas olímpicas la semana que viene. También hay que darle su sitio a las voluptuosas mulatonas brasileñas, porque, como bien dice el mismo Pedro, no hay que dejar a nadie atrás. Bueno, a algunos sí que podríamos.

Y ni les cuento si me coloca en Asuntos Exteriores; todo el día viajando en clase VIP, acumulando puntos de vuelo, con zumos de naranja de amplio espectro laxante y paquetitos de frutos secos totalmente de gratis. Eso sin perder de vista lo de consolidar las relaciones con países amigos, empezando por Estados Unidos, que yo le habría llevado a Joe Biden un DVD con lo mejor de Chiquito de la Calzada para ver si notaba la similitud en los andares.

Aunque por supuesto, mi sitio natural es el Ministerio de Igualdad, con Irene, compartiéndolo todo al 50%, sin diferencia de género y en igualdad. Y hasta me mudaría al chalé de Galapagar para dar ejemplo, y ni discutiríamos por el lado de la cama porque ella, aunque encantadora, es rojilla, y se quedaría en el lado izquierdo, mientras yo, sosegado demócrata con ribetes conservadores, me quedaría con el centro y la derecha, en resumen, con el resto de la cama.

O, al menos, Pedro me podía haber dado una dirección general, o una secretaría de Estado, o ponerme el quiosco de chuches en la Alameda, un sector económico infravalorado que, sin duda, será vital para el PIB nacional cuando se le aplique el Plan de Recuperación, Resiliencia y to lo demás.

Pedro, a ver ahora cómo levantas esto sin mi ayuda. Desagradecido/a/e.


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