Milton

La departición

Lo que hay es mucha envidia, porque el ágil paseo que dieron nuestro presidente Sánchez y el de los Estados Unidos, Joe Biden, es algo de lo que podemos enorgullecernos todos los españoles. Muchos dijeron que si treinta segundos no dan para tanto, que si la cosa estuvo un poco forzada, que si Biden tenía cara de querer declararnos una guerra nuclear, pero se equivocan. Es que ustedes no entienden de política internacional ni de geoestrategia.

Les instruiré al respecto. En primer lugar olvidan que Biden es el primo americano de Chiquito de la Calzada y que, con esos andares, tarda una eternidad en desplazarse. Por eso, caminar treinta segundos junto al presidente norteamericano dura casi tanto como la mili en los Tercios de Flandes. Y ahí sí que hay tiempo para tratar temas importantes. Conozco matrimonios que han durado menos.

De hecho, como dijo nuestra ministra de Exteriores, estuvieron departiendo largo y tendido. Y, ¿qué es departir? Pues es eso, de partir, de irse, de un lao pa otro. De ahí que, por mucho que Biden intentara huir con el pasito de fistro pecador, no tuvo opción frente a un Pedro Sánchez jovial, que era más insistente que un senegalés en la playa con el bolso de Louis Vuitton a 30 euros; pero auténtico a pesar de todo.

Y Biden le decía, “oiga, que no, que no insista. Que no quiero bolsos, ni Rolexs a 25 euros, que yo he venido aquí a una cumbre de la OTAN”. Y Pedro, constante y pertinaz como la sequía, le insistía con el “mucho bueno, bonito y barato. Rolex mucho útil para lanzar misiles nucleares y saber cuánto queda hasta ¡pum!”.

A pesar de todo, Pedro no se amilana y le recuerda que en la OTAN no eres nadie sin un reloj que sea como el de la canción, de los que no marcan las horas, porque como se escacharran en un rato no hay posibilidad de hacer cuentas atrás y que, por tanto, es un reloj pacifista, casi como de Podemos.

Entonces, al presidente de los EEUU se le ocurre la gran idea y, dándole una palmadita en la espalda, le dice a Pedro que si se lo deja en 20 euros se lo queda para llevárselo de regalo a Putin para que si se le ocurre lanzar los misiles lo haga por la hora de Canarias.

El bueno de Pedro, algo molesto, se niega a venderle el Rolex pero, en los últimos segundos de la departición, le ofrece un llavero con un elefantito de la suerte por un euro.

El problema es que, el elefante, es la mascota del Partido Republicano y Biden se niega a financiar a sus adversarios políticos, así que no hay bisnes y cada uno sigue por su lado.

Esto se lo cuento, a ustedes que no entienden de geopolítica, para que se hagan idea de lo mucho que dan treinta segundos de departir. Y les digo una cosa más, porque Pedro no es senegalés de primera generación, de haberlo sido seguro que Biden nos compra a Puigdemont.


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