Milton

La amenaza

Sobre esto de las amenazas enviando cartas conteniendo balas a dos altos cargos de la administración y a Pablo Iglesias tengo varias cosas que decir. Lo primero es dejar claro que no he tenido nada que ver a pesar de mi plan para fugarme con Irene Montero a un paraíso fiscal sin tratado de extradición con España.

Luego, y solo por ayudar a los investigadores, añadir que el autor material de tan infame tropelía no es un amenazador profesional, porque las amenazas son como las redes sociales, plagadas de modas efímeras.

Ya nadie amenaza mandando una munición que no se usa desde que Franco era cabo. Seguro que el amenazador novato es, además, un cutre y ha sacado de alguno de los cajones de su casa las balas que se trajo de la mili, más caducadas que los Danones de Atapuerca.

Además, los amenazadores contemporáneos son más sutiles. A quién se le ocurre enviar balas, que eso es hasta peligroso. Se lo envías a alguien sin experiencia militar, se cree que es un supositorio y, el año que viene, el primero en la cabalgata del orgullo gay.

Lo suyo hoy es mandar algo más personal, como los calzoncillos que guardas desde niño sin lavar como recuerdo de la infancia. O bien algo que provoque un daño psicológico irreversible, como un cupón de la ONCE premiado pero caducado, que eso sí que jode.

También está la famosa táctica, de inusitada crueldad por cierto, de enviar por Globo una fabada con laxante para caballos. O tal vez un cupón regalo para vacunarte con AstraZeneca media docena de veces; ya saben, cuantas más veces te pinches, más posibilidades hay de que te toque ser el uno del millón.

Y si quieren, de verdad, que le tomen en serio la amenaza, envíenle al amenazado 50.000 euros en un paquete por Seur y luego lo denuncian a la Agencia Tributaria. Ahora que vaya y se lo explique al inspector.

Lo digo porque yo se lo hice a una exnovia que me dejó por otro y hasta tuvo que exiliarse, que luego me envio una foto con su nuevo novio desde un complejo hotelero de superlujo en las Barbados dándome las gracias. Aunque yo sé que le dolió.

Lo que digo, para amenazar hay que saber porque, si lo piensan fríamente, lo de enviar las balas sin el arma apropiada para utilizarla resulta, incluso, de mal gusto. A ver de dónde saca ahora el bueno de Pablo un Cetme de los antiguos para poder emplear la munición. Además sin haber hecho la mili. Si hasta los de Ikea le ponen instrucciones a lo que te envían.

Un aficionado, sin duda.


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