Milton

Páginas Amarillas: La extinción

Aciago día para los medios de comunicación, para la libertad de prensa y para el derecho a recibir y trasmitir libremente información veraz y objetiva: Ayer dijeron en la tele que la próxima semana se publicará la última edición impresa de las Páginas Amarillas de Telefónica.

Personalmente, me embargó la tristeza. Aunque sí es verdad que, puestos a que te embarguen, mejor que lo haga la tristeza que el banco, porque aquella no carga comisiones ni gastos, ni necesitas pagar a un notario para que dé fe de que estás triste.

Pero, tecnicismos aparte, lo de quedarnos sin las Páginas Amarillas va a ser una gran pérdida para los que somos lectores de cuarto de baño y siempre se nos olvida comprar papel higiénico. Uno echaba ese rato íntimo informándose sobre quién era quién en los diferentes gremios profesionales y, si te tropezabas con el anuncio del taller que te pegó el palo por no arreglarte el coche, arrancabas la página y le dabas el curso apropiado siguiendo el método Scottex. No era tan práctico como la Oficina del Consumidor, pero proporcionaba una especial satisfacción personal.

Además, las Páginas Amarillas eran superútiles cuando se te rompía la pata de cualquier mueble; no había en España casa decente donde alguna pieza del mobiliario no mantuviera un arriesgado equilibrio gracias a esta insigne publicación de Telefónica.

Sé que hasta el leal apoderado de mi sucursal de Abarca y Devora Ltd. Bank estará hoy pasando un día amargo por la próxima desaparición de una de sus más tradicionales y eficaces herramientas de trabajo. Que lo de convencer a los clientes morosos del pronto pago de sus deudas golpeándoles en la cabeza con el tocho de las Páginas Amarillas resultaba enormemente efectivo y, además, apenas provocaba hematomas, complicando sobremanera la labor forense a la hora de poder probar las torturas. No fue casualidad que los interrogadores de la CIA en la prisión de Guantánamo hicieran las prácticas en mi sucursal.

Pero, más allá de los aspectos lúdicos que tenían las Páginas Amarillas, su desaparición representa también una gran pérdida para la literatura universal, que hasta los escritores más brillantes del país tenían un ejemplar en sus casas bajo el teléfono.

Además cuando, agobiado por los problemas y angustiado por tu mísera existencia, no veías salida alguna, abrías el tocho por cualquier página y siempre encontrabas la respuesta: "Cuerdas Manolo. Sogas y maromas de todo tipo y tamaño. En nylon o en cáñamo de toda la vida para los más tradicionales. Aguantan cualquier peso muerto. Consúltenos sin compromiso, le recomendaremos la que mejor se ajusta a sus circunstancias".

Y en un futuro próximo, cuando visitemos algún museo antropológico, encontraremos una réplica en cera del "homo parasitus bancarius" golpeando con un volumen de las Páginas Amarillas a un ejemplar del "homo clientus morosus pringatis". Ya verán, al tiempo.


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