Milton

Causa justa

Muy mal que esos militares retirados hayan planeado en su chat privado lo del primer golpe de Estado del Imserso, y eso que yo siempre he tenido claro que el de los jubilatas es un colectivo tan silencioso como poderoso. Pero, aún así, lo del golpismo tradicional se basa, esencialmente, en el factor sorpresa.

Porque yo recuerdo cuando, siendo crío, planeé con mis hermanos derrocar a mi madre para que no nos obligara a comer garbanzos con espinacas los viernes, que estuvimos a punto de triunfar. Sin embargo, la cobarde traición de uno de los conjurados, permitió a mis padres descubrir nuestros planes de sublevación y terminar con el romántico sueño de un mundo sin garbanzos con espinacas los viernes.

La represión fue brutal y, junto a dos de mis hermanos, terminé en el exilio de nuestras habitaciones, sin poder ver la tele durante un mes. Uno de ellos, sin embargo, entró en el programa de protección de testigos de mi madre y, aunque jamás pudimos probarlo, sabemos que él fue la “garganta profunda”. Traidor.

Pues los generales jubilatas han cometido el mismo histórico error: la trasmisión de información a través de medios no seguros. Lo han hecho fatal. Tenían que haber esperado a cogerse el viaje del Imserso a Benidorm y planear el asalto al poder entre el desayuno, las clases de gimnasia y las de pasodoble. Esas en la que, con la excusa del baile, uno se puede arrimar de forma lasciva a la profe jovencita del programa de movilidad para la tercera edad subvencionado por la comunidad autónoma. Cosa que yo nunca he hecho, por supuesto.

En esa tesitura, quién iba a sospechar que un grupo de venerables abueletes iba a estar planeando derrocar al Gobierno. Muy torpes para ser militares profesionales.

Y todo esto sin entrar a dilucidar cómo pensaban hacerse con el Congreso de los Diputados sin caballería ni carros de combate. O llegar a La Moncloa, que está en el quinto carajo, sin autobús ni metro que te lleve. Personalmente habría utilizado los andadores, taca-tacas y las sillitas eléctricas en formación de cuña; aunque es solo una opinión.

Si bien, eso que decían en el chat de fusilar a 26 millones de españoles es una barbaridad. ¡Ale!, venga a derrochar. Al precio que está la munición. Lo mismo que los políticos que tenemos ahora: cuando se dispara con pólvora del rey, no duele.

Mi causa fue más justa y mi exilio, más digno.


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