Milton

"Nueva Navidad"

Ya han oído al presidente del Gobierno, la “nueva realidad” también trae “nueva Navidad”; pero no crean que van a resultar unas fiestas peores o menos felices. Porque, si lo piensan, las Navidades pueden ser muchas cosas, pero de felices tienen poco.

De hecho, los ágapes de esos días suelen ser tan animados y alegres como los anuncios de la Lotería Nacional, que para mí que los actores se los prestan de algún gulaj de Corea del Norte. En el de este año salen algunos personajes con un aspecto tan desesperanzador y derrotado que seguro que hasta tienen claras las restricciones aplicables en cada fase y la concreta situación de confinamiento de su municipio. Aunque, en realidad, el tradicional ejercicio navideño de que el Estado anime a los ciudadanos a la ludopatía para trincar impuestos, es de las pocas cosas que no cambiarán en estas próximas fiestas.

Porque de lo de las reuniones familiares pueden olvidarse. Y no podremos odiar a nuestro cuñado, salvo de forma telemática; ni recomendar a la cuñada una dieta infalible que no te ha pedido, o contarle a los tuyos lo bien que te va todo durante la pandemia mientras ellos se hunden en la miseria.

Tampoco podremos disfrutar del espíritu navideño del barrio, como el grupito de hijas adolescentes de los vecinos que venían a cantar villancicos vestidas de Papa Noeles perversas mientras bailaban en plan Rosalía y luego te pedían dinero de esa forma tan peculiar, que no tienes claro si se trata del aguinaldo o de la propina en un table dance de Puerto Banús. Lo que ha cambiado la Navidad desde “Barrio Sésamo”.

En fin, todos esos momentos tan entrañables, tan familiares y cercanos no podrán ser en esta ocasión.

Sin embargo, con mi habitual optimismo, les animo a ver el vaso medio lleno y a no olvidar que esta experiencia también está teniendo sus cosas buenas: tenemos las manos más limpias que nunca, hemos aprendido a respirar con un trapo delante de la cara, no nos podemos acercar ni a las valkirias exuberantes, lo que desalienta la lasciva lujuria de los pecadores; hemos aprendido a ocultarnos de la policía aun sin saber si estamos cometiendo alguna ilegalidad, fumar se ha convertido en un gesto revolucionario y, con lo bares cerrando a las seis, no hay ni tiempo pa pimplarse.

El año que viene cualquiera de nosotros clava el anuncio de la Lotería Nacional.


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