Milton

Lo que hay que saber

Como les avancé, tengo que contarles la dramática experiencia de la compra de la aspiradora, y aun condicionado por el temor a repetir el fracaso de aquella primera relación fallida que les comenté el otro día, entré en el centro comercial, prudente pero sin miedo, como cuando el vietcong atacó a John Rambo en el Delta del Mekong. El bueno de Johnny.

Al igual que hace cualquier varón soltero, heterosexual y mayor de 50, grupo escaso pero poderoso, me acerqué a la dependienta más voluptuosa de la tienda, que suele ser la que menos idea tiene, ni falta que le hace. Para los que no tengan experiencia en comprar aspiradoras, solo indicarles que, si tienen dudas sobre cuál es la empleada más voluptuosa, basta con fijarse en la chapita que lleva prendida en el pecho con su nombre grabado. Si la chapita se acerca a usted antes que el resto del cuerpo, es la dependienta adecuada.

Una vez requerida la asistencia de la interesada, asegúrese de no quedarse releyendo la chapita una y otra vez mientras babea con los ojos inyectados en sangre. Recuerde que entre la galantería y la pecaminosa lascivia hay solo una ténue diferencia, aunque yo nunca he sabido cuál es.

Contando ya con la atención de la leal empleada, mírela fijamente a los ojos y confiésele lo que está pensando. No, eso no; me refiero a su intención de comprar una aspiradora.

Es probable que ella le pregunte por la potencia de succión que desea. Mantenga la templaza y la compostura pero adviértale de que le gustan potentes. Luego le preguntará qué marca. Y usted siempre la querrá como Messi, que marque todo lo posible.

Resueltas las cuestiones técnicas, si ella le pregunta si pagará en metálico o con tarjeta de crédito, que sepa que esa dependienta no le quiere y que solo busca su dinero. Abandone la tienda sin mirar atrás, aunque duela.

La gente se cree que lo de comprarse una aspiradora lo hace cualquiera, se van a los centros comerciales a tontas y a locas, les atiende la primera empleada que se les cruza por delante y luego pasa lo que pasa: relaciones rotas, divorcios, niños traumatizados y a ver quién se queda con el perro. Una tragedia.


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