Milton

La última batalla

En estos momentos aciagos de la Historia, el destino nos obliga a dar un paso adelante para que, en un futuro no muy lejano, cuando nuestros nietos nos juzguen, puedan decir con orgullo, “en esa batalla luchó mi abuelo”.

Es por eso por lo que he quedado con un compañero de armas para atrincherarnos en la terraza de una conocida marisquería del Paseo Marítimo de Marbella y, provistos de numerosos puros habanos, resistir a las hordas policiales cuando esta madrugada pretendan desalojarnos al entrar en vigor la prohibición de fumar.

La idea es proteger nuestra posición con sacos terrenos mientras nos hinchamos de vinos caros y lanzamos gambas y calamaritos fritos a quienes paseen por la zona para ganarnos así el apoyo del vulgo. Se trata de conquistar sus corazones y sus almas para que den cobertura a la guerra de guerrillas que iniciaremos cuando, superados por las fuerzas enemigas, realicemos repliegues tácticos a otros bares del campo de batalla.

Después, cuando las autoridades represoras antitabaco crean que hemos huido en desbandada en plan rey emérito, realizaremos fulminantes acciones de comando contra las fuerzas policiales, a las que nos acercaremos haciéndonos pasar por turistas y, fingiendo preguntarles por la Plaza de los Naranjos, les echaremos la humareda de un buen habano en la cara. Y sin cobrarles, de gratis.

Y ahora, a pocos minutos de emprender la última misión en defensa del inalienable derecho a ahumar a todo el mundo, no puedo por menos que rememorar las palabras de William Wallace en Braveheart: “Podrán subirle los impuestos al tabaco, incluso obligarnos a llevar una aburrida vida sana comiendo lechuguita, y hasta forzarnos a hacer ejercicio correteando por la ciudad vestidos con leggins de reinona, pero jamás nos quitarán la libertad”.

Contad esta hazaña a vuestros hijos para que la transmitan a las generaciones venideras. Yo no podré hacerlo al morir hoy en esta batalla sin descendencia.

Que quede claro, porque esa que va por ahí diciendo que su chaval tiene mis ojos, miente como una bellaca.


Valora este artículo
(5 votos)

Comentarios potenciados por CComment

Más en esta sección de Milton

¡Atención! Este sitio usa cookies y tecnologías similares.

Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso. Saber más

Acepto

Utilización de "cookies"

En general, las cookies son archivos que se guardan en su navegador con diversos propósitos conteniendo parámetros y datos relativos a las webs que visita, pudiendo ser recuperados posteriormente por las mismas en el momento de volverlas a visitar.

Sietediasmarbella.com utiliza estas cookies asociando únicamente el navegador de un ordenador anónimo determinado y no proporcionan ni guardan por sí mismas ningún dato personal.

Sietediasmarbella.com no lee los archivos cookie creados por otros proveedores o sitios web y sólo almacena preferencias relacionadas, por ejemplo, con el navegador, visualización de la web o idioma seleccionado (en su caso), con el único propósito de facilitar la navegación a sus visitantes.

Para su información, el usuario siempre tiene la opción de configurar su navegador para ser avisado en pantalla de la recepción de cookies en cada momento, e incluso para impedir el almacenamiento de cookies en su disco duro. Puede consultar la ayuda de la configuración de la privacidad de su navegador para saber cómo hacerlo.

Para utilizar sietediasmarbella.com, no es necesario que el usuario permita la instalación de las cookies, pero ciertas funciones y facilidades podrían no estar disponibles.