Milton

El rebrote

Ya tenía yo previsto esto de los rebrotes del coronavirus y hasta dispongo de un protocolo de aplicación urgente para evitar una nueva propagación víricoinfectuosa que termine con el fatal y previsible desenlace de que la Agencia Tributaria diga que la anterior declaración de la renta no vale y que hay que volver a pagar.

Por eso, como primera medida, mi protocolo recomienda huir a Suiza con un maletín cargao billetes de 500. Es verdad que al rey emérito no le sirvió de mucho y que lo del regalito de los 60 millones de euros a su amiga Corinna, no resultaba muy creíble. Si me hubiera hecho caso, con haberle regalado una blusita de Zara y un paquete de gominolas, habría quedado como un señor sin meterse en ese follón.

Si bien, mi protocolo del rebrote también contempla la opción de que uno no disponga de ese tipo de maletín o de que tenga miedo a volar.

En cualquiera de estos casos se recomienda acudir a las oficinas de Hacienda más cercanas, accediendo a las mismas de rodillas, portando sobre el hombro una pesada cruz de madera, fustigándose con una maroma de barco y acompañado por un grupo flamenco que entone una solemne saeta cuando le toque el turno de confesar sus inenarrables irregularidades fiscales al inspector de guardia. Ayuda que el empleado de la Agencia Tributaria reciba en confesionario.

Aún así, si el contribuyente-penitente no convenciera al funcionario de la sinceridad de su intención de enmienda, o no lograra quebrantar la honestidad del empleado público ofreciéndole una escandalosa cantidad de dinero, el protocolo rebrote también prevé cómo se debe actuar.

Sin duda, huyendo de esas oficinas golpeando en la cabeza a empleados y seguratas con una gruesa guía telefónica mientras, vestido de blanco inmaculado y con un pañuelo rojo anudado al cuello, el contribuyente escapa a la carrera por la vía pública gritando "¡Viva San Fermín!".

Algunos legos en la materia podrían pensar que mi protocolo no evita los nuevos contagios de coronavirus, cierto, pero convierte a quien lo cumple en el único que, con o sin pandemia, no se salta la Semana Santa, ni San Fermín.

Como Dios manda.


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