Milton

El concepto de maternidad

Estando hoy tomándome unas cervecillas mientras reflexionaba sobre el concepto metafísico del Absoluto y su relación transversal con las cejas de Fernando Simón, me he fijado que un encantador niño rompía a llorar tras caer al suelo y en cómo la madre trataba de consolarle dándole besitos en la heridita.

El suceso me ha parecido digno de una nueva reflexión porque en mi época, cuando te caías jugando y te escoñabas, sabías que lo mejor era callarte para que tu madre no te eslomara a leches por mancharte la ropa. Más aún cuando, como se habrán dado cuenta, las madres de ahora no son como las de antes, que mientras estaba esa mamá supervalkiria de gruesos morros de silicona colmando de besitos al siniestrado, con ese vestido que tenía menos tela que una mascarilla falsa, le he tenido que alargar mi servilleta al camarero para que se limpiara las babas y las lágrimas. Es que hay gente que con las muestras de cariño materno se pone muy sentimental.

Y eso que el crío era de los del tipo antidisturbios, ya saben, de esos a los que los padres sueltan en las terrazas de los bares para disolver las concentraciones y que la gente se vaya a su casa. Aunque vaya por delante que yo no he tenido nada que ver con el accidente, que mi mesa estaba lejos del lugar del siniestro y, además, tengo un buen abogado.

No obstante, en mi profunda reflexión, he pensado en lo injusto que es el mundo con aquellos varones heterosexuales maduros pero afables que no vamos en carrito de bebé, y me he preguntado por qué después del palo que me ha dado Hacienda esta semana con la declaración de la renta, ni me han llamado de la Agencia Tributaria por si quería que me enviaran a un inspector para darme besitos en la heridita. Aunque con lo que me han soplado, tendría que hacerme por lo menos un striptease para que perdonara el escozor.

Tampoco está bien lo de que te cobren veintitantos euros por un plato de paella en el Paseo Marítimo y nadie te dé besitos. Ni lo de la Guardia Civil, que te multan, te quitan puntos, te inmovilizan el coche, no te pagan el taxi para volver a casa y ni un cariñito ni nada.

Les digo una cosa, el concepto de autoridad no debería estar reñido con las muestras de maternal afecto.


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