Milton

Un negocio pospandemia

Muy optimistas me parecen todos esos políticos que salen en la tele diciendo que el turismo ha empezado a recuperarse, porque lo cierto es que resulta tan inusual cruzarte con uno que se me ha ocurrido que las tiendas de turistas pueden ser una nueva actividad económica pospandemia con gran proyección.

La idea es tan sencilla como brillante. Sería como una tienda de mascotas pero vendiendo turistas. Al fin y al cabo, ¿para qué se compra la gente esos perritos pequeños de lengua larga? Evidentemente para poner las calles perdidas de caquitas y meadillas, para que despierten al vecindario con sus molestos ladridos y para que te hagan compañía. Pues un turista puede cumplir esas tres funciones y hasta mejorar a la competencia dejando en el destino, además, un gasto medio diario superior a los 50 euros.

Porque ahora en pleno verano, con estos calores, le largas una fabada reglamentaria y cuando lo saques por la noche con el apretón, te pone la calle que no la reconocen ni los de Limpieza del Ayuntamiento. Ya de madrugada, hartito cerveza, le das una pandereta y otra vez a la calle, que ya saben que la Navidad en julio es el mejor regalo, y venga villancicos Todo el barrio sin dormir hasta que aparezca la Policía Local.

Y en cuando a hacerte compañía, son los mejores compañeros, sobre todo si tienes un turista que sea de Alemania, que no hable ni papa de español y que se dedique al sector agropecuario. Es lo que los que entendemos de mascotas llamamos un pastor alemán. Serios, trabajadores, puntuales y fieles hasta la muerte.

Es cierto que hay otras razas de turistas, los más comunes por nuestra zona son los británicos, pero tienen muy mal beber. Olvídense de los asiáticos, que con lo del coronavirus no está la cosa para bromas. Además, fíjense en los japoneses, les das un momento la espalda y te cierran Nissan. Como pa fiarse de llevarte uno a casa.

También, por supuesto, tenemos especies autóctonas de turistas, que se venderían a un precio más asequible que los de importación. Aunque, dentro del turismo nacional de venta al público, el más caro sería el turista del mismo Madrid, conocido por su nombre científico de "borjamari". Se caracteriza por la pulserita con la bandera de España, el jersey sobre los hombros y la mascarilla también con banderita.

Es cierto que no tiene tanto glamour como un turista importado, pero el "borjamari común" se adapta mejor a este destino turístico, mimetizándose con el entorno, integrándose con la fauna nativa de los beach clubs superpijos y sobreviviendo al gazpacho de bote y a la caña a 10 euros. En fin, lo que el lince a Doñana. Y eso hay que tenerlo en cuenta a la hora de comprarte tu turista.


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