Milton

Superar el síndrome

Siguiendo con la actividad de docencia confinatoria que realizo desde este espacio de espiritualidad y saber, hoy les enseñaré a superar los efectos psicológicos que provoca el confinamiento y a adaptarse a la progresiva desescalada hasta retornar a la normal situación de lujuriosa inmoralidad, libertinaje y caos.

Es normal que, en un principio, sientan cierto temor a desconfinarse; es lo que los entendidos llamamos el “síndrome de Alpedrete”. Es muy parecido al que sufren tras su liberación quienes han sido rehenes de los yihadistas, aunque en este caso se conoce como “síndrome de Estocolmo” porque es como un confinamiento más de primera división, ya saben con armas automáticas, torturas, amputaciones parciales de miembros y cosas así.

Cuando el asunto es más cañí y no intervienen sofisticados terroristas internacionales, sino que el encierro te lo impone un tipo que se llama Perico Sánchez, pues hay que ponerse a la altura, y el síndrome pasa a ser de Alpedrete.

Bien, si les sucede esto, se angustian, tienen palpitaciones y ansiedad, no se asusten, es de cobardes. Es el temor normal que produce el saber que, no habiendo sucumbido a la pandemia, tendrán que seguir con sus patéticas existencias y que ya no podrán escudarse tras el pobre virus cuando vuelvan a llamarle los del banco para amenazarles de muerte por no ser ricos.

En ese caso, los que entendemos de psicología recomendamos siempre golpearse con un bate de béisbol en los piños o, si no es deportista y carece de tan útil herramienta, pillarse las partes íntimas con la puerta de la lavadora, que como tienen cierre de seguridad, luego hay que esperar para poder abrirla y se sufre un montón.

Tras una de estas dos experiencias, lo del coronavirus ya no le parecerá tan serio. Al menos hasta que no le salgan al virus un par de piernecitas y se líe a darle patadas en el bajo vientre, que siendo cosa de los chinos tampoco hay que descartarlo.

Otro efecto que puede producir el desconfinamiento es el temor a salir, el llamado "síndrome de la cabaña"; algo que también le sucede a los okupas cuando la Guardia Civil está con el ariete en la puerta de la casa.

Bien, si son víctimas de este síndrome, también tiene solución. Varias incluso. La primera es aceptar que es un miserable cobarde.

La segunda consiste en protegerse tras las mujeres y los niños para que se infecten primero o para evitar recibir el primer porrazo de la Benemérita. Y que quede claro que esto no es de cobardes sino únicamente de seres mezquinos y despreciables.

La tercera forma de evitar ese "síndrome de la cabaña" consiste en trasladarse unos días a la lujosa villa estilo imperio que tiene en primera línea de playa acompañado por media docena de valkirias exuberantes. Lo sé, yo también prefiero la soledad pero en estos momentos tan duros hay que saber compartir.

Si no dispone de la villa, lo mejor es acogerse a la primera opción y quedarse cómodamente en casa tirado en el sofá bebiendo cervecilla tras cervecilla. Al fin y al cabo, así se hizo famoso Homer Simpson.


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